lunes, 20 de noviembre de 2017

Cuba, la patria no es de todos



En el verano de 1997, cuatro valiosos cubanos, Martha Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca Antúnez, René Gómez Manzano y Félix Bonne Carcassés (fallecido) publicaron un documento histórico, titulado La patria es de todos.

Se pretendía, que todos los cubanos, de dentro y de fuera, de todos los signos políticos, estatus económico y social, religiones, etnias, regiones y sexos comprendieran que como nacionales de un país, les asistían todos los derechos, a todos los cubanos y no solo a una parte de ellos.

Se trataba de retomar el camino martiano, “con todos y para el bien de todos”, que se había extraviado cuando el proceso político iniciado en 1959 empezó a discriminar entre “ricos y humildes”, “revolucionarios y gusanos”, “cubanos y apátridas”, como fórmula para dividir la nación y concentrar el poder en el grupo que había capitalizado la caída de Batista.

Veinte años después, es aún más claro que La patria no es de todos porque, desagraciadamente, en lugar de debilitarse, durante ese tiempo, se ha consolidado la dictadura de la familia Castro, especialmente de Raúl, cuyo nepotismo sobrepasó al del caudillo fallecido.

El general Raúl Castro heredó de su hermano Fidel los cargos de Primer Secretario del PCC y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Su hijo, el general Alejandro Castro Espín, es el presidente de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, que integra y dirige los aparatos de Inteligencia y Contrainteligencia de las FAR y el MININT. Su nieto, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, más conocido por El Cangrejo, es el jefe de la Seguridad Personal (ahora unificada MINFAR-MININT), el órgano de mayor poder y recursos en ese sistema de seguridad. Su hija, Mariela Castro es la directora del influyente Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y de la revista Sexología y Sociedad.

El emporio económico militar GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), lo encabeza el exyerno de Raúl Castro, general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, el padre del Cangrejo. GAESA es el complejo empresarial de las FAR, un monopolio capitalista que incluye desde una línea aérea, cientos de instalaciones hoteleras y de otros tipos para el turismo, la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, las CADECAS (Casas para el cambio de moneda libremente convertible), las TRD (complejo de Tiendas Recuperadoras de Divisas), las fábricas de armas y cientos de empresas agrícolas, mercados agropecuarios y otros que maneja a través del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT).

Si la dictadura de Fidel se había apropiado del país, con las estatizaciones de todas las empresas grandes, medianas y pequeñas, nacionales o extranjeras, privadas o asociadas; el control monopolista que hoy ejerce la familia de Raúl Castro a través de las FAR-MININT, como un Estado dentro de otro Estado, es la continuación de aquel alto nivel de concentración de la propiedad y el poder, pero repartido en la familia heredera.

El gran aparato político-económico y de seguridad de Fidel, bien diferenciado del de las FAR de Raúl, llevados como dos gobiernos y negocios privados separados, a la muerte del caudillo, Raúl los unificó bajo control de su familia y allegados.

Definitivamente los hermanos Castro Ruz secuestraron la nación en nombre de la revolución y el socialismo, y muerto el caudillo y ya viejo el hermano heredero, éste aspira a que sus descendientes sigan eternamente en el poder.

¿Cuál es el plan? Mantener el control del país, de su economía, sus fuerzas armadas y de seguridad y del pueblo en forma parecida a como lo hizo el Partido Comunista de China, con la Comisión Militar Central del CC del PCCh, que se convirtió en poder detrás del trono luego del retiro de Deng Xiaoping, quien quedó como presidente de esa institución.

En Cuba, para esos efectos fue creada la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, dirigida por el hijo de Raúl, quien negoció la normalización de relaciones con Estados Unidos y arregla los acuerdos militares y de seguridad con Rusia. No importa la figura que aparezca como jefe de los Consejos de Estado y Ministros, con cara joven, pero fiel y obediente como la de Miguel Díaz-Canel. El poder real estará allí.

¿Entonces, de qué patria estamos hablando? De la de ellos, los dueños, que hacen con el país lo que se les antoja sin consultar con nadie. ¿Y los combatientes de la Sierra y el llano? ¿Y las generaciones que entregaron sus vidas en los campos de caña, café y tabaco, alfabetizando, en contingentes de la construcción o combatiendo en Girón o el Escambray? ¿Y los miles de combatientes y oficiales que lucharon en Angola y otros países de África? Bien, gracias.

Y los demás cubanos, ¿de qué somos dueños? ¿De la tierra que alguna vez heredamos y nunca podremos vender, siempre a merced de las decisiones del Gobierno, qué sembrar, cómo vender lo que producimos? ¿O de esa otra prestada en usufructo para ser retirada cuando el Estado quiera?

¿De los automóviles y las viviendas que hasta hace poco no podíamos vender y que ahora podemos, pero con altos impuestos? ¿De las empresas, que nos dicen que son del pueblo, donde somos explotados en forma semi-esclava y donde nada decidimos? ¿De nuestros pequeñas empresas y cooperativas amarradas por mil trabas, regulaciones e impuestos a los monopolios estatales, que pueden ser incautadas o cerradas por cualquier razón, como hicieron con la Cooperativa Scenius o las cooperativas de construcción, por la ausencia de una legislación que proteja la propiedad privada y asociada?

¿De qué importante decisión participamos en nuestro país, donde todo viene establecido desde arriba, hasta los candidatos a la Asamblea Nacional, por los cuales votamos “libremente”?

No, los cubanos, fuera de los Castro, sus herederos y leales, no tenemos Patria porque nos la ha robado el grupito que ha querido identificarse él, “su revolución y su socialismo” de mentiras con Cuba, la patria y sus símbolos, lo cual explica el rechazo que suscitan en parte del pueblo.

La más reciente demostración de todo esto la tuvimos en estos días cuando el pasado 8 de septiembre, en medio del azote del huracán Irma al norte de Oriente, los principales herederos del clan Castro, Alejandro, Nilsa y Mariela Castro Espín (hijos de Raúl); junto a Antonio, Alexis, Alex y Ángel Castro Soto del Valle, así como Fidel Castro Díaz-Balart (hijos de Fidel), a golpe de mojitos y canapés de caviar y salmón con mermelada de frambuesa, gratis, disfrutaron la presentación de los libros Fidel Castro y los Estados Unidos y Raúl Castro y nuestra América, mientras que a los damnificados del ciclón le vendieron la cajita de arroz con salchichas a 5 pesos.

Pedro Campos
Cubaencuentro, 18 de septiembre de 2017.

Foto: Alejandro Castro Espín (vestido de miliar y su hermana Mariela, conversando con Eusebio Leal el 8 de septiembre en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, Habana Vieja. Tomada de Los Castro celebraban mientras Cuba se hundía, de Juan Juan Almeida García.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Señales y avances de otro tiempo


No hay fecha fija, no hay hora, día, mes ni año, que anuncien de antemano el comienzo del porvenir. Lo que existen son marcas, vetas, corrientes, franjas de la vida de un país en las que se puede prever lo que pasará en una sociedad cuando el futuro pierda su nombre inasible y sonoro y se convierta en una realidad presente.

Los únicos en Cuba que tienen contactos y trabajan para que ese tiempo llegue a la Isla son los hombres y mujeres de la oposición pacífica, los periodistas independientes y los artistas libres.

El gobierno los reprime, los golpea, los encarcela y los acosa para que el pasado, que es el socialismo fracasado, siga en una agonía que le permite el lujo y el poder.

Otros sectores de la sociedad viven las alternativas diarias refugiados en el miedo, en la indiferencia, en las fronteras de la familia o en la alegría permanente programada y promovida por los pícaros estatales especialistas en demostrarle a los extranjeros que en el Caribe se puede gozar hasta en la esclavitud.

Los opositores, los periodistas y los artistas libres no constituyen, desde luego y por fortuna, un bloque unánime de fanáticos con ínfulas de héroes salvadores. No. Se trata de grupos de cubanos de ideas diversas y contradictorias, de diferentes orígenes, que en vez de pensar en el porvenir, tienen que realizar sus tareas todos los días y, al mismo tiempo, estudiar cómo salvarse de la persecución y la violencia policial.

Esa libertad que se han ganado y ejercen frente a los cuchillos, les permite, por ejemplo, enfrentar con lucidez y coraje la realidad de su país y la de otras naciones. La oposición suscribió esta semana un documento de solidaridad con Venezuela, abocada ahora a los rigores del régimen que sufre Cuba.

Mientras Raúl Castro envía una carta a Nicolás Maduro “con inmenso júbilo revolucionario” por el respaldo “claro y rotundo” a su Asamblea Constituyente, casi medio centenar de activistas y líderes de la oposición afirmaron que el castrismo ensaya y aplica en aquel país su tecnología represiva y que “desde La Habana se diseña la estrategia para instalar el totalitarismo y se envían los agentes necesarios para concretar sus objetivos”.

La nota también dice que Raúl Castro, Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Alejandro Castro son responsables “por igual” de la “situación desastrosa que se vive en la nación hermana”.

La oposición pacífica, los periodistas y los artistas libres ya viven en un pedazo del porvenir de Cuba que ellos han descubierto y en el que, a pesar de los riesgos de golpizas y celdas de castigo, pueden decir lo que piensan y publicarlo. No hay fecha fija, ya se ha dicho, para el tiempo en el que se pueda decir todo sin las amenazas de una paliza o de un calabozo.

Raúl Rivero
El Nuevo Herald, 13 de agosto de 2017.
Foto: Nicolás Maduro y Raúl Castro ante la piedra donde reposan las cenizas de Fidel Castro en el Cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, el 15 de agosto de 2017. Tomada de Cubadebate.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Heberto Padilla, rebeldía, cárcel y exilio



Es inútil el afán del gobierno cubano y la desesperación de su tropa de guatacas nacionales y extranjeros por sepultar en el olvido la obra del poeta Heberto Padilla (Puerta de Golpe, Pinar del Río, 1932. Alabama, Estados Unidos, 2000).

No importa el empeño miserable y perverso para que sus poemas y su vida se borren de la literatura de su país. Al hombre que firmó Fuera del juego y Provocaciones no hay quien lo mueva de su sitio en la historia de la poesía que se escribe en idioma español.

Lo que odia el oficialismo de Padilla es el rigor de la música de sus versos y el mensaje claro de sus poemas que aparecieron como la única canción verdadera a finales de los años sesenta. Y odian su rebeldía, el valor de denunciar el sistema represivo que, copiado de los soviéticos y con aportes caribeños, aplicaban (y aplican) los comunistas para controlar a los escritores y artistas.

Padilla ganó el Premio Julián del Casal de Poesía, en 1968, con su libro Fuera del juego otorgado por los poetas José Lezama Lima y Manuel Díaz Martínez, el peruano César Calvo y el inglés J.M. Cohen. El poemario se publicó con una nota de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en la que se afirmaba que los poemas eran “ideológicamente contrarios a la Revolución.”

Tres años más tarde, después de dar un recital con las piezas de su nuevo libro Provocaciones, el poeta pinareño fue arrestado junto a su esposa, la escritura Belkis Cuza Malé acusados de “actividades subversivas.” Padilla permaneció 38 días en Villa Marista, la sede de la Seguridad del Estado. Y al salir se vio obligado a hacerse una autocrítica ante sus colegas.

El arresto de Padilla provocó la ruptura de importantes intelectuales de todo el mundo con el régimen cubano y enseñó la cara real del proceso que, en ese tiempo, llevaba poco más de una década instalado en Cuba.

Así narra un amigo la vida de Padilla en Cuba después de la cárcel: “Nadie lo veía ni lo quería ver. Sus viejos amigos, los jóvenes que aprendieron a entender la poesía con sus versos, los vecinos, los compañeros de generación, de la primaria y del bachillerato se quedaban con los ojos vacíos cuando Padilla bajaba por La Rampa, una leve hondonada donde late toda La Habana, rumbo al malecón de la mano de su mujer y, a veces, escoltados por Virgilio Piñera, el hombre que más miedo tenía en Cuba pero que nunca le alcanzó para dejar solo al poeta de Fuera del juego.”

El poeta pudo salir al exilio en 1980 debido a una gran campaña internacional en la que participó, de manera especial, el senador Edward Kennedy. Padilla enseñó en varias universidades estadounidenses y falleció en Alabama a los 68 años de un ataque al corazón.

A los esfuerzos por borrarlo del mapa que hace todos los días el oficialismo se puede sumar otras categorías de olvidos que tienen su origen en las pesadillas protagónicas y la envidia, que ya estamos seguros que es una forma de admirar con rabia.

Heberto Padilla, sin embargo, se afianza y crece. Su poesía es un himno privado a la libertad de Cuba y a la soberanía individual. Este poema se titula Para escribir en el álbum de un tirano.

Lo hizo en La Habana a fines de los años sesenta: “Protégete de los vacilantes, /porque un día sabrán lo que no quieren. / Protégete de los balbucientes, / de Juan –el gago-, Pedro-el- mudo, / porque descubrirán un día su voz más fuerte. / Protégete de los tímidos y los apabullados, / porque un día dejarán de ponerse de pie cuando entres.

Raúl Rivero
Blog de la Fundación Cubano-Americana, 15 de agosto de 2017.

jueves, 9 de noviembre de 2017

República ignorada



El 20 de Mayo se cumplieron 115 años del nacimiento de la República de Cuba. En el Salón del Trono del Palacio de los Capitanes Generales, Habana Vieja, hoy sede del Museo de la Ciudad, Tomás Estrada Palma (Bayamo 1835-Santiago de Cuba 1908), pasaría a la historia como el primer presidente republicano elegido por los cubanos.

Con un sol intenso que rebotaba en el asfalto y debido al cual hasta los perros callejeros se guarecían en los portales, salí a indagar sobre la efemérides del 20 de Mayo.

Cuatro estudiantes con sus uniformes azules de preuniversitario se han ausentado de clases para ir al Parque Córdoba, una de las zonas wifi existentes en el municipio 10 de Octubre. Quieren revisar su muro de Facebook, chatear con parientes en Miami o leer la última crónica futbolera del diario español Marca.

Aunque el calor metía miedo, los jóvenes ni se enteran. Van tomando helado, bromeando, gesticulando y hablando a gritos. Entablar un diálogo con ellos es fácil. Los cuatro tienen 17 años y al terminar el bachillerato, dicen, aspiran a ingresar en la universidad. Cuando les pregunté si sabían cuál era la fecha fundacional de la República de Cuba, titubean y se miran unos a otros, intentando ofrecer una respuesta correcta.

“El primero de enero ¿no?”, respondieron dos a la vez. “Qué bruto son ustedes, asere, el día de la independencia es el 10 de octubre, cuando Carlos Manuel de Céspedes liberó a sus esclavos”, afirma uno y se burla de sus socios.

Otro justifica su desconocimiento con el pretexto de que no le gusta la historia. “Esa asignatura es un bofe. En las pruebas se responde mecánicamente, pero al día siguiente nadie recuerda las fechas ni las conmemoraciones”.

Un vendedor de rosita de maíz que ha estado escuchando se suma a la conversación. “Hay muchas opiniones al respecto. Que si fue el 1 de enero, 26 de julio o 10 de octubre. Pero creo que fue el 27 de octubre de 1492, cuando Cristóbal Colón descubrió la Isla”.

Al parecer, solo académicos, profesores, estudiosos de la historia y ciudadanos bien informados pudieran explicar el significado del 20 de Mayo de 1902 en la historiografía nacional. Una mayoría de cubanos lo desconoce: tener en cuenta que alrededor del 70 por ciento de la población actual del país nació después de 1959.

A personas con más de 65 años, como Giraldo, que todas las tardes en su sillón de ruedas pide cigarrillos o dinero a los que caminan por las calles adyacentes al asilo de ancianos donde reside, el 20 de Mayo le trae gratos recuerdos.

“Era el día más importante del año. La tradición era estrenarse un par de zapatos y una muda de ropa nueva. Se colocaban banderas cubanas en los balcones. Yo iba con mis padres y mis hermanos a la Avenida del Puerto. En el Parque Central había retretas con la banda municipal. El ambiente era de fiesta. Pero este gobierno borró todo eso de la memoria popular. Ahora las fechas que se celebran son las que a ellos les conviene”.

Mientras los cubanos radicados en Miami festejan el 20 de Mayo por todo lo alto, en Cuba es un día como otro cualquiera. Así lo que ha querido la autocracia verde olivo.

En las dictaduras, es habitual manipular los acontecimientos. La narrativa oficial igual trata de vendernos a José Martí como admirador de las teorías marxistas, que durante un enfrentamiento militar, pinta un escenario de ciencia ficción. Es lo que ocurrió en 1983 en Granada. Entonces, según la versión castrista, en el momento de la invasión estadounidense a Granada, un grupo de obreros cubanos abrazados a la bandera tricolor se inmolaron por la patria.

Para la junta militar que gobierna Cuba, el pasado se debe borrar. No importan los índices económicos, urbanísticos o productivos logrados en más de medio siglo de vida republicana.

La ex profesora y hoy periodista independiente Gladys Linares, en un artículo publicado en Cubanet recordaba que, como consecuencia de la guerra de independencia, en 1902 "el estado de la agricultura, la ganadería y las industrias era calamitoso. En un gesto de gran sensibilidad, la primera medida adoptada por Estrada Palma fue el pago a los miembros del Ejército Libertador y de los bonos de la deuda contraída por la República en Armas. Para ello obtuvo un empréstito de la casa norteamericana Speyer de 35 millones de dólares, con un 5% de intereses y que ya para 1943 estaba saldado".

Por su parte, EcuRed, wikipedia oficialista, afirma que "Estrada Palma se caracterizó por ser sumamente ahorrativo durante su mandato (1902-1906). En 1905 el tesoro cubano tenía la fabulosa cantidad para la época, de 24 millones 817 mil 148 pesos con 96 centavos, de los cuales solo poco más de 3 millones y medio correspondían al empréstito. La acumulación de tanto dinero obligó a Estrada Palma a invertir en obras públicas. El gobierno aprobó 300 mil pesos para que cada provincia construyera carreteras y caminos y más de 400 mil pesos para su conservación y reparación. Para acueductos y mejora de los edificios públicos se consignaron varios miles de pesos".

La prensa estatal denomina esa etapa con el despectivo término de 'seudo república' o 'república mediatizada'.

“Han hecho lo inimaginable para obviarla o demolerla. Desde programas televisivos como San Nicolás del Peladero, ridiculizando a los políticos venales de la época, hasta minimizar el bienestar material alcanzado en diversas esferas de la sociedad. Pero cuando tu revisas índices económicos del período 1902-1958, te das cuentas que, a pesar de sus imperfecciones, hubo más crecimiento”, indica un historiador jubilado, quien añade:

“Al César, lo que es del César. El 20 de Mayo de 1902 se fundó la República de Cuba. Con elecciones generales, constitución avanzada e instituciones democráticas. En un futuro, al margen de las ideologías, el 20 de Mayo debe ser incluido en el calendario de los feriados nacionales y se deben retomar las celebraciones. Ese día comenzó todo”.

Algo que está por ver. De momento, las nuevas -y no tan nuevas- generaciones, desconocen el significado del 20 de Mayo.

Ese desconocimiento, esa desmemoria, formó parte de la estrategia del difunto Fidel Castro: erigir una nación diferente desde los cimientos. Sepultar tradiciones, costumbres y valores. Reescribir la historia a su manera. Y lo logró.

Iván García

Foto de Don Tomás Estrada Palma tomada de Remezcla. Durante su exilio en Tegucigalpa, Honduras, Estrada Palma conoció a la hondureña Genoveva Guardiola, con quien se casó en mayo de 1881. El matrimonio tuvo siete hijos: José Manuel, Tomás, Andrés, Carlos, María de la Candelaria, Mariana de la Luz y Rafael.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Cuatro glorias de la medicina cubana


El debate acerca del desarrollo y calidad de la medicina cubana en los últimos sesenta años ha traspasado, por mucho, las fronteras de la Isla. El propio gobierno de la Isla, organismos internacionales, gobiernos extranjeros, ideólogos de todo tipo, cubanólogos, periodistas y personas particulares de diversos lugares han tomado, de una u otra forma, parte en el mismo, algunos para magnificarla hasta extremos inconcebibles y otros para denigrarla de una manera que no siempre se ha ajustado a la verdad.

Es cierto que en la segunda mitad del siglo XX se formaron en Cuba una gran cantidad de profesionales de la medicina, algunos de ellos muy calificados, y también se avanzó en terrenos antes relativamente limitados como la vacunación extensiva, la atención materno-infantil y el desarrollo de facultades médicas en todas las provincias. De hecho, la esencia del susodicho debate estriba en dilucidar el nivel que hubiera alcanzado la medicina cubana de no haber ocurrido ese fenómeno llamado Revolución Cubana.

Pero ese debate también ha servido, por intereses propagandísticos de una u otra orilla o simplemente por desconocimiento u olvido, para atenuar el significado o incluso ocultar al público figuras de épocas muy anteriores que brillaron científicamente a niveles más altos que todas las posteriores y hoy son luces en la oscuridad. Porque el período histórico en el que brillaron las cuatro figuras médicas a las que particularmente nos referimos no fue nada feliz desde el punto de vista político y económico para los cubanos, una felicidad que por otra parte y lamentablemente casi nunca ha estado al alcance de ese pueblo.

No obstante, estos cuatro hombres, moviéndose en entornos diferentes y muchas veces ajenos a Cuba, estuvieron muy cerca de alcanzar incluso el Premio Nobel de Fisiología y Medicina para el que fueron propuestos por lo menos dos de ellos, hecho que no ha vuelto a repetirse en ninguna otra ocasión ni circunstancia.

Repasemos pues, brevemente, algunos datos relevantes de estas cuatro vidas de científicos nacidos en Cuba dedicadas en cuerpo y alma a las ciencias médicas, no los únicos, pero sí los más reconocidos internacionalmente.

Doctor Carlos Juan Finlay y Barrés (1833-1915)


En Wikipedia, Carlos Finlay aparece como hispano-cubano y de cierta manera es correcto denominarlo así pues casi toda su vida transcurrió siendo Cuba una colonia española. Sus raíces eran también escocesas por parte de padre (el padre fue, como un buen grupo de británicos, médico militar en el ejército de Simón Bolívar) y francesas por parte de la madre. Y por razones que tuvieron mucho que ver con las burocráticas limitantes coloniales de las autoridades españolas -no reconocían en Cuba ni permitían revalidar en la Universidad de La Habana sus estudios secundarios franceses- estudió medicina en la Universidad de Philadelphia, Estados Unidos. Pero él mismo, a pesar de las incomprensiones y dificultades que enfrentó tantas veces en la Isla, siempre se consideró cubano y así lo expresó repetidamente.

Siendo justos, fue muy bueno para la formación científica de Finlay que hiciera su carrera de medicina en el reputado centro docente norteamericano, que no por gusto dicen que lo que pasa conviene. En 1853, año en el que el muy joven Finlay comienza su formación en el Jefferson Medical College de la Universidad de Philadelphia, esta universidad estaba considerada la más avanzada y moderna en Estados Unidos. Allí tuvo por maestros a científicos como el afamado clínico Robley Dunglison, el patólogo John Kearsley Mitchell, considerado el padre de la teoría parasitaria de las enfermedades infecciosas y el epidemiólogo Daniel Drake, el primer norteamericano en relacionar las epidemias con las condiciones geográficas.

Todo esto ahora nos parece obvio, pero no olvidemos que estamos hablando de hace unos 160 años atrás y tampoco olvidemos que estos enfoques, sumamente novedosos y muy discutidos para entonces, tendrían mucho que ver con el desarrollo de la posterior teoría metaxénica de Finlay, o sea, con apuntar a un tipo específico de mosquito como agente transmisor (vector vivo) de la fiebre amarilla. Hoy, por supuesto, sabemos que la teoría de Finlay se corresponde absolutamente con la verdad y que no es solo la fiebre amarilla la enfermedad que transmiten los mosquitos, pero llegar a estas certezas requirió mucho trabajo, enormes esfuerzos investigativos, vidas inmoladas y muchos años.

Pocos saben que, en ese centro universitario, el Jefferson Medical College, existe un busto de Finlay, que en 1902, en vida del sabio, se le concedió el título honorario de Doctor en Ciencias Médicas por dicha universidad y que el 22 de septiembre se celebra el Día de Finlay en el estado de Pennsylvania. Es procedente recordar todo esto porque siempre se ha jugado con la existencia de un cierto desprecio norteamericano hacia la obra científica del cubano y eso no es del todo cierto.

Por ser mucho más conocida, no entraremos en la historia del desarrollo de la teoría del mosquito como vector de la fiebre amarilla de Finlay, ni tampoco en la serie de largos experimentos, tanto personales como por parte de personal militar norteamericano radicado en Cuba, que llevaron a su confirmación definitiva. Citaremos mejor, por exactas y justas, las palabras del General Leonard Wood, médico él mismo, y gobernador militar norteamericano de Cuba en el año 1900: "The confirmation of Dr’s Finlay doctrine is the greatest step forward made in medical science since Jenner’s discovery of the vaccination".

Carlos J. Finlay, que contrario a lo que muchos creen sí recibió honores y reconocimientos en los últimos años de su vida, fue galardonado con la Legión de Honor francesa en 1908 y fue postulado siete veces al Premio Nobel de Fisiología y Medicina. El Premio Nobel no siempre es justo ni todos los que lo merecen lo alcanzan, pero las repetidas nominaciones están ahí para recordarnos que la obra del Doctor Finlay sí fue debidamente valorada y apreciada por muchos científicos de gran nivel en vida de este médico cubano.

Doctor Juan Guiteras Gener (1852-1925)



Juan Guiteras fue uno de tantos médicos cubanos que por razones políticas tuvo que formarse fuera de la Isla, en este caso también en Estados Unidos, y luego en Alemania. En realidad, comenzó a estudiar la carrera de Medicina en la Universidad de La Habana, pero el separatismo militante de toda su familia y de él mismo, justo en los turbulentos años de la Guerra Grande, le obligaron a emigrar muy pronto.

Insistimos que, aunque resultara lamentable que estas cosas ocurrieran en Cuba, y de hecho siguen ocurriendo siglo y medio después, la formación científica obtenida por estos hombres fue muy superior a la que eventualmente hubieran logrado en su patria de origen.

Guiteras, graduado ya con honores en la Universidad Estatal de Pennsylvania, se inclinó primero por la medicina clínica, pero en poco tiempo sus intereses pasaron a la anatomía patológica, especializándose en enfermedades infecciosas transmisibles. Pocos médicos conocieron tan a fondo la fiebre amarilla como Guiteras, lo que le valió ser incluido años después en el grupo de investigadores norteamericanos -ya era médico militar para ese entonces y había combatido contra el ejército español- que fueron a Cuba a colaborar en la erradicación de la Fiebre Amarilla y en el saneamiento intensivo de la Isla.

Además de Finlay, un fraterno amigo desde que lo conoció, Guiteras se codeó con muchas figuras importantes de las letras, José Martí entre ellos, y de las ciencias: Robert Koch, Rudolph Virchow, Richard Pfeiffer, Paul Ehrlich, Karl Weigert y muchos otros. Es curiosa y muy descriptiva la observación que José Martí escribió sobre él: "Juan Guiteras es primero en Washington y persona mayor en la medicina del ejército".

Para el año 1900, Guiteras estaba considerado uno de los epidemiólogos y especialistas en enfermedades tropicales más importantes del mundo y ni que decir tiene que de haber continuado practicando la enseñanza y la investigación en su patria de adopción, Estados Unidos, hubiera alcanzado cotas mucho más altas, pero entonces él, ignorando el consejo de muchos de sus colegas, decide regresar a Cuba, colaborar en su reconstrucción y asentarse definitivamente en ella.

Ocupó diversos cargos en la Isla, incluyendo el de director del Hospital Las Ánimas y Secretario de Sanidad (ministro de Salud Pública). Fue el primero en describir el dengue en Cuba y ocupó la primera presidencia de la Federación Médica Nacional. Sus últimos años de vida fueron hasta cierto punto amargos pues, enemigo incansable de la corrupción y la politiquería, sufrió marginaciones y ofensas por parte de los primeros gobiernos republicanos.

Doctor Arístides Agramonte y Simoni (1868-1931)



Las raíces profundamente mambisas de Arístides Agramonte y Simoni eran impecables. Fue hijo del general Eduardo Agramonte Piña -muerto en el combate de San José del Chorrillo en 1872- primo este último de Ignacio Agramonte, y de Matilde Simoni, hermana de Amalia Simoni, la estoica esposa de Agramonte. Pero además vino al mundo en las precarias y enfebrecidas semanas previas al comienzo de la Guerra de los Diez Años.

Los avatares de la guerra llevaron al niño, aún en los brazos de su abnegada madre, a Mérida, en Yucatán, y en breve a la ciudad de Nueva York, donde creció, estudió y se graduaría de médico en la Universidad de Columbia en 1892. Arístides, ya un médico brillante y muy respetado a pesar de su juventud, se unió al ejército norteamericano en 1898, con el que participaría como médico militar en la contienda y posterior ocupación de la Isla.

Se unió desde el principio a la Comisión Militar Norteamericana para el estudio de la fiebre amarilla, donde colaboró activamente con los doctores Walter Reed, James Carroll, Jesse Lazear y Carlos J. Finlay. Agramonte, sin dejar de colaborar estrechamente con su jefe, Walter Reed, tuvo mucho que ver en la aceptación de las ideas de Finlay y la implementación de estas en la práctica sanitaria, primero en Cuba y luego en la zona de construcción del Canal de Panamá.

Es históricamente cierto que Arístides Agramonte fue propuesto para el Premio Nobel de Medicina en 1903, antes que Finlay, pero a partir del siguiente año siempre fue nominado junto al hombre que había sido el padre de la teoría metaxénica. Igual que Juan Guiteras, Agramonte decidió quedarse a trabajar y enseñar en Cuba y también ocupó cargos importantes en la Isla, incluido el de Ministro de Sanidad. Su vida de casi treinta años como profesor de parasitología y medicina tropical en el denominado Hospital No. 1 (luego Calixto García) estuvo llena de honores y distinciones, tanto nacionales como internacionales.

Falleció en New Orleans (1931), aún en plenitud de facultades, cuando colaboraba en la fundación de una nueva escuela de parasitología y medicina tropical, muy necesaria en las zonas bajas y cálidas de la desembocadura del Mississippi.

Doctor Joaquín Albarrán y Domínguez (1860-1912)



Muy probablemente es Joaquín Albarrán el médico cubano más conocido y mencionado internacionalmente.

Albarrán, nacido en Sagua la Grande en 1860, quedó huérfano de padre y madre en la niñez, y se convirtió en otro de esos jóvenes impulsados por sus familiares a salir al exterior para evitarle los peligros y sinsabores de una guerra y de la represión colonial subsiguiente. En el caso de Albarrán, su salida se precipitó por el bárbaro fusilamiento, en La Habana, de ocho estudiantes de medicina el 27 de noviembre de 1871.

Termina la carrera de medicina en Barcelona a los 18 años de edad y por decisión propia, vuelve a estudiar medicina en París y se gradúa con los máximos honores (el primero entre 400 alumnos) a los 24 años. Culmina el doctorado a los 29 años y se especializa en bacteriología con Pasteur y en anatomía patológica con Ranvier, las dos cumbres en ese momento de ambas especialidades.

Pero él busca algo más novedoso y menos explorado. Descubre así la urología, una especialidad todavía en pañales. Se une entonces, como residente y al mismo tiempo cirujano general especialista, al profesor Guyon, el llamado padre de la urología, en el Hospital Necker, en París. De ahí en adelante, junto a su maestro primero y superándolo después, eleva la urología francesa, y por qué no, la cubana, a la primera categoría internacional.

La descripción de los aportes científicos de Albarrán -el primero en cateterizar los uréteres empleando un equipo diseñado por él, por ejemplo-, de sus importantísimos libros de texto y de consulta, de sus centenares de trabajos de investigación, de los síndromes y enfermedades que describió por primera vez y de la multitud de magníficos urólogos que contribuyó a formar, entre otros, rebasarían con mucho este brevísimo recorrido.

He oído decir muchas veces que Albarrán fue propuesto más de una vez para el Premio Nobel de Medicina, pero la profesora cubana Marlene Fernández Arias, que ha estudiado exhaustivamente la vida de este insigne investigador, señala en su interesante biografía (que he utilizado con provecho para este artículo), que no ha podido encontrar la prueba de nominación, pero también apunta que es muy posible que fuera en 1912 cuando se concretara esta junto con la de Guyon, truncándose la formalidad por la prematura muerte del cubano.

Al amanecerdel 17 de enero de 1912, fallece Joaquín Albarrán a causa de la tuberculosis pulmonar agravada por una diabetes mellitus ya incontrolable. La vida, injusta como tantas veces, le permitió alcanzar los más altos reconocimientos, la gloria y la fortuna en menos de tres décadas, y luego le envió dos enfermedades que no tenían un tratamiento efectivo en aquel tiempo, matándolo a los 51 años de edad, justamente en el momento más maduro y productivo del científico cubano.

Félix J. Sojo
Cubaencuentro, 25 de julio de 2017.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Gays y heterosexuales cubanos contra el servicio militar



Los contrarrevolucionarios -como les denomina el régimen- tienen más suerte. “Tengo un amigo que es disidente y jamás lo llamaron a pasar el servicio militar. Estoy pensado enrolarme en algún movimiento de oposición pa'escapar del verde”, apunta un joven egresado de preuniversitario que para enero de 2018 será convocado al servicio militar.

En Cuba es de carácter ineludible que los varones mayores de 17 años cumplan dos años de preparación militar. En el caso de los universitarios se reduce a un año.

El autócrata Fidel Castro, aduciendo una supuesta amenaza del ‘imperialismo yanqui’, mediante ley del 26 de noviembre de 1963, estableció el Servicio Militar Obligatorio, para jóvenes de 16 a 27 años, con una duración de tres años y una paga mensual de 7 pesos.

Cincuenta y cuatro años después, el Servicio ha cambiado de siglas: SMO (Servicio Militar Obligatorio), SMG (Servicio Militar General) y Servicio Militar Activo (SMA), el que ahora está vigente, pero su obligatoriedad se mantiene.

A partir de 1970 y fines de los años del siglo pasado, no menos de 500 mil jóvenes pasaron el servicio militar. La mayoría lo pasó en el ejército de tierra (la marina de guerra y la aviación contaban con oficiales profesionales). Otros, en guardafronteras, tropas especiales y el Ministerio del Interior, cuidando presos o el perímetro exterior de alguna de las más de 200 cárceles existentes en Cuba.

Se calcula que en la década de 1980, un cuarto de millón de reclutas, después de los 45 días de la preparatoria inicial, donde a la carrera aprendían el uso del armamento, participaron en las guerras civiles de Angola y Etiopía.

“En apariencias, era voluntario, pero los que se negaban a ir a Angola lo mandaban a cortar caña en el EJT (Ejército Juvenil del Trabajo). Y si chocabas con un oficial hijo de puta, te destinaba a una prisión militar. Yo estaba pasando la previa en Vaca Muerta, Artemisa, ni siquiera era muy diestro en el uso del AKM, cuando llegó un coronel y pidió que diéramos un paso al frente los soldados dispuestos a ‘cumplir una honrosa misión internacionalista’. Toda la unidad dio el paso al frente”, rememora Joel, 52 años, quien perdió una pierna por la explosión de una mina terrestre en Angola.

Era la etapa en que Fidel Castro presagiaba una inminente invasión de Estados Unidos. La Isla contaba con el más poderoso ejército de América Latina. Un millón de hombres sobre las armas, 500 mil en la reserva, 200 aviones de caza Mig-23, 3 mil tanques T-55 y T-62, cientos de emplazamientos de cohetes antiaéreos SAM y una fábrica de fusiles AK en la provincia Camagüey.

El desproporcionado ejército, junto al colosal aparato de contrainteligencia que fiscalizaba todos los estamentos de la vida de los cubanos, devoraba alrededor del 35% del PIB nacional.

En los anales de la historia bélica universal, ninguna nación pobre o subdesarrollada, participó simultáneamente en dos guerras. Cuba lo hizo durante las contiendas de Angola y Etiopía gracias al cheque en blanco girado por el Kremlin, que duplicaba el Plan Marshall de Estados Unidos a la Europa de post guerra.

Con la desaparición del comunismo soviético, culminó el desquiciado proyecto bélico de Fidel Castro. Ahora el desfasado armamento ruso envejece en túneles subterráneos.

La mayoría de los estrategas militares sustituyeron sus casacas verde olivo por vaporosas guayaberas blancas. Y en cursos exprés se graduaron de gerentes y administradores de empresas y hoy manejan la tercera planta de hoteles más grande de América, con 30 mil habitaciones. También dirigen comercios, cafeterías, restaurantes y gasolineras en todo el país.

Pero, según Hiram, actualmente cumpliendo el servicio militar en una unidad en las afueras de La Habana, “los reclutas seguimos comiendo soga. Marchando, haciendo ejercicios con fusiles de calamina, fumigando casas para eliminar el mosquito Aedes Aegypti o construyendo hoteles”.

En el blog del periodista oficial Francisco Rodríguez, conocido como Paquito el de Cuba, gay y militante del partido comunista, fue publicada la información de que las FAR autorizan a los homosexuales alistarse en el servicio militar.

Aunque la prensa estatal no ha publicado siquiera una línea, Rodríguez tuvo acceso a las grabaciones de audio de los debates que acontecieron durante la última legislatura del monocorde parlamento.

El 20 de julio, el diputado Joaquín Lázaro Cruz Martín, durante una reunión de la Comisión de Defensa Nacional preguntó “cuál sería la política a seguir con los jóvenes homosexuales y bisexuales y el servicio militar”. El General de Brigada Juan Rafael Ruiz Pérez, presidente de la Comisión, respondió sobre la actual política de las FAR “desde hace un año o dos”.

Sin mencionar la palabra homosexual ni LGBTI, Ruiz Pérez apuntó que “si la persona considera que por esta razón no le va hacer posible cumplir su servicio en las condiciones de un lugar militar, se excluye”.

Las opciones para gays, travestis o lesbianas, ofrecidas por Ruiz Pérez “pueden ser como enfermero, auxiliar en un hospital, incluso puede ser en un hospital militar, o se destina a trabajar en otro lugar”. Al igual que el presidente estadounidense Donald Trump, el general cubano supone que los LGBTI son ‘flojitos’ a la hora de adiestrarse militarmente, combatir y defender a su patria.

Diario Las Américas le preguntó a homosexuales y heterosexuales sobre el tema. Luis, travesti que se prostituye en el barrio de La Víbora, al sur de la capital, le parece “muy fuerte que un maricón conviva con tantos machos en una unidad militar. El mes pasado a mí me dieron de baja en el chequeo médico que me realizaron para el servicio militar. Está bien que los gays tengan los mismos derechos que los heterosexuales, pero en el caso del servicio lo preferible es que lo supriman, pues casi ningún joven, por su propia voluntad, quiere estar dos años en esa durísima vida”.

De los diez heterosexuales encuestados, todos coinciden que el servicio militar es un fastidio. “Cuba no va tener guerra con nadie. Con el envejecimiento de la sociedad cubana, deberían preparar a los jóvenes en diferentes facetas de la producción, algo mucho más beneficioso que pasar el servicio militar”, apuntó Walter, estudiante de preuniversitario.

La mejor opción para Cuba, es el modelo de Costa Rica, una de las pocas naciones del mundo que no tiene ejército.

En plena crisis económica y con un tercio de la población mayor de 60 años, lo más sensato sería abolir el servicio militar. La manutención de las fuerzas armadas siempre ha sido un lastre incómodo para el producto interno bruto.

Iván García
Foto: Reclutas cubanos del servicio militar. Tomada de Gabitos.


lunes, 30 de octubre de 2017

Nueva Orleans vs. La Habana Vieja


Visitar Nueva Orleans, la cuna del jazz, era para mí uno de esos sueños que a uno le parecen absolutamente irrealizables. Y he aquí que gracias a la invitación de unos buenos amigos de mi juventud, he pasado dos días allí. Fue una experiencia irrepetible. Ha sido como para un musulmán peregrinar a la Meca. Les puedo asegurar que todas las expectativas que tenía, se vieron superadas. Y con creces.

En Nueva Orleans, con su pasado francés y español y la influencia africana a cada paso, hay un derroche de magia. Una magia que de tan auténtica, resulta muy especial. Eso la diferencia de la Habana Vieja.

Debido a las edificaciones del periodo español, con sus rejas y balcones, Nueva Orleans pudiera recordar a la Habana Vieja (a la restaurada por Eusebio Leal, quiero decir, no a la de las cuarterías y los balcones en estática milagrosa). La diferencia es que la Habana Vieja, con sus figurantes y sus tiendas con precios superiores a los del Primer Mundo, es un timo para incautos. Es artificial, falsa, falta de espontaneidad. Y lo que es peor, falta libertad. Lo percibe cualquiera que no vaya con nociones preconcebidas.

Si se aprovecharan todas sus potencialidades, la Habana Vieja, a su estilo, con su propia personalidad, podría competir con Nueva Orleans.

En la Habana Vieja, como en New Orleans, se escucha música en vivo por todas partes. Hay bares por doquier, pero en todos, la música va por buscavidas que tocan un repertorio compuesto invariablemente por no más de seis o siete sones y guarachas, siempre los mismos, la Guantanamera, Chan Chan y el “Hasta siempre, comandante” dedicado a Che Guevara.

En los bares de Nueva Orleans, especialmente en Bourbon Street y el resto del French Quarter, es amplísima la variedad de géneros musicales que interpretan: jazz, blues, rock, cajun, zydeco, funky, rhythm and blues. Y los músicos son de primera línea. Algunos no distan mucho del virtuosismo. Hubiese querido comprar sus CD y colmar los pomos de cristal donde recogen del público los tips, dignos, sin ponerse impertinentes, como los que tocan y cantan en la Habana Vieja.

Las primeras influencias de la música cubana en el jazz, mucho antes que Chano Pozo, se debieron a músicos de la isla que se establecieron en Nueva Orleans a finales del siglo XIX y principios del XX, y que fueron los que aportaron el “spanish tinge” del que hablaba Jelly Roll Morton. Eso aún se agradece. Algunos de los músicos de Nueva Orleans con los que conversé, me dijeron que aman la música cubana.

Uno fue Steven Rohbcock, un experimentado pianista que al frente de un cuarteto donde descuella en el trombón una chica japonesa, toca un set tras otro, durante varias horas, con pausas de quince o veinte minutos, de jazz tradicional, cool y piezas de Chet Baker, en un amplio y acogedor patio colmado de mesas y presidido por una estatua de Fats Domino. ¡Gracias, Steven, por complacerme con Time after time!

El otro fue James Edward Kennedy. Lo encontré un domingo, tocando la guitarra y cantando country, bajo un sol de penitencia, frente a una iglesia, en una plaza del centro de la ciudad. Me contó que viajó a Cuba en los años 90, utilizando el pasaporte de un amigo al que se parecía como una gota de agua a otra. Afortunadamente, no lo descubrieron y se pudo saciar con la música del Benny, Compay Segundo y Los Van Van.

Sin vudú no se puede hablar de Nueva Orleans. Está presente a cada paso. Como entre los santeros de La Habana, hay impostores y mercaderes religiosos, pero también están los que se lo toman bien en serio. No soy un tipo supersticioso, pero estoy a punto de creer que algo -usted puede llamarlo como quiera- hay en eso de los mojos y los gris-gris. Estuve en el Museo del Vudú, en Dumaine Street. Allí se puede saber de los grandes hougans y especialmente de María Laveau. Son solo dos salas, pero es realmente impresionante. Se siente muy mala vibración. Y les repito que no soy un tipo impresionable ni dado a las supercherías.

La comida creole y cajun de Nueva Orleans es muy especial: ostras, beignets, jambalaya, gumbo, pez gato, cocodrilo frito, quimbombó (okra) preparado de diferentes formas, etc. Lástima que la gastritis crónica que padezco producto de la bazofia que comemos en Cuba, y particularmente del café mezclado con sabrá Dios qué porquería, no me permitió disfrutar esos platos.

En la Habana Vieja, a pesar de algunos buenos paladares, a la cocina, que pudiera ser excelente, le falta personalidad. Y variedad. Se limita a poco más que el congrí, el lechón asado, los tostones y la yuca. Muchos platos, especialmente los dulces, se han perdido.

La gente de Nueva Orleans es amable y hospitalaria. De los balcones te tiran collares -aunque no sea en Mardi Grass- y nadie se te queda mirando, así seas un gay de carroza, vayas sin camisa por la calle, perdidamente borracho, con la pechuga desbordando el escote y la falda corta hasta la exageración (en Bourbon Street hay diluvios de sensualidad).

La gente de la Habana Vieja también es hospitalaria, pero exageran, no fluyen con naturalidad, acosan a los turistas pese a la policía, se les nota demasiado el afán por sacarles el dinero como sea, ya sea vendiéndoles tabacos (generalmente falsificados), o proponiéndoles marihuana o sexo (de ahí la frase “nofildoit”, que es lo que entienden los aseres cuando “los yumas” les responden a sus propuestas “I don’t feel like doing it”).

Y no es que en Nueva Orleans -donde se ven homeless y hay muchas personas que aunque no quieran hablar del tema, aún no se han recuperado del huracán Katrina- no haya quienes vivan del dinero de los turistas. Pero los músicos callejeros, los bailadores de tap, los niños que tocan drums en tinas hechas de plástico, se ganan las propinas con su arte, con dignidad, sin impertinencias ni payasadas, sin importunar.

En Cuba, en vez del falso folklore de postal turística, se pudiera explotar mejor, de manera más orgánica, el arte, las tradiciones, sin menoscabo de la diversión. Como hacen en la ciudad de Louis Armstrong.

Los mandamases castristas, que apuestan desesperadamente por el turismo internacional para sacar del atolladero a la economía cubana, deberían aprender de Nueva Orleans. El boulevard de Obispo pudiera ser algo así como el siempre muy concurrido Bourbon Street, la necrópolis de Colón como el Cementerio Lafayette… Pero con su proverbial mal gusto, sus prejuicios y su manía de controlarlo todo, sería pedirles demasiado a los mandamases. ¡Lástima por sus bolsillos! ¡Ellos se lo pierden!

Texto y foto: Luis Cino Álvarez
Cubanet, 28 de agosto de 2017.

jueves, 26 de octubre de 2017

El ejército de oportunistas que protege al régimen



Cuando comenzó a subir por la escalera de caracol del enrevesado sistema político cubano, Antonio Carmenate era un hombre tímido y flacucho. Si leía algún texto, eran los horóscopos de revistas y periódicos foráneos que entraban de contrabando al país.

Nada de discursear o analizar un tratado filosófico de Carlos Marx, como ahora hace, detallando las estrategias de "la derecha fascista venezolana y los medios hegemónicos mundiales que pretende sacar del poder al presidente democráticamente elegido, el compañero Nicolás Maduro”, a la carrera le dice a sus amigos del barrio, mientras mira el reloj y aclara que no puede seguir hablando.

“Estoy cogido con la hora, tengo una reunión en el ministerio”. Y se monta en el asiento contiguo del chofer de un viejo Lada azul con el membrete de una institución estatal en la puerta. El ‘cuadro’ Carmenate pesa más de 200 libras, tiene un prominente vientre y en los cursos dirigidos a funcionarios estatales, aprendió el léxico encendido de los camaradas.

Para no señalarse, esquiva saludar a los viejos socios, etiquetados de ‘contrarrevolucionarios’. Tarde en la noche, cuando los delatores más intransigentes ya están durmiendo, el hombre se franquea. “Socio, tú estás marcado 'fula' (enemigo), pero siempre serás mi amigo”.

Cuando habla de tú a tú, se aparta de los manuales marxistas. Reconoce que el “socialismo no funcionó en ninguna parte. Pero, brother, gracias al sistema soy persona y me he podido abrir un hueco. Si esto cambia, una pila de funcionarios nos moriríamos de hambre, pues lo único que sabemos hacer es dar muela y vivir del invento”.

Muy cerca de donde vive Antonio Carmenate, en los alrededores del Parque Córdoba, en La Víbora, al sur de La Habana, residió un académico graduado de relaciones internacionales en la URSS, hoy especialista en Cuba-Estados Unidos en el Centro de Investigaciones de Política Internacional y participante ocasional en la Mesa Redonda, aburrido espacio televisivo.

Se llama Santiago Benítez. En otros tiempos, fuimos vecinos en la barriada pobre y marginal de El Pilar, municipio Cerro. Su familia, trabajadora y honesta, era amiga de mi difunta abuela y de mi madre, periodista de la revista Bohemia.

Santiago se graduó con altas notas y fue el primer expediente de su curso en la Escuela Vocacional Lenin, pero debido a su procedencia humilde, la beca para estudiar en la Unión Soviética se la dieron al alumno que quedó en segundo lugar. Entonces, los hijos de papá y de los incondicionales del gobierno, eran los que tenían más posibilidades de realizar estudios superiores en los antiguos países socialistas de Europa del Este.

La madre de Santiago le dijo a mi madre que a su hijo, el primer expediente de su curso, en la Lenin, por no tener amistades dentro del gobierno, le iban a quitar la beca y se la iban a dar al otro, que sí tenía 'palanca'.

Mi madre no se lo pensó dos veces y del mismo teléfono que los Benítez tenían en su casa, llamó a su tía Dulce Antúnez, esposa de Blas Roca, miembro del buró político del partido que presidiera la comisión redactora de la Constitución de 1976, y le pidió que cuando Blas llegara, le adelantara la situación y le dijera que al día siguiente lo iba a llamar a su despacho, a ver si podía ayudarle a resolver que a Santiago le dieran esa beca.

Gracias a mi madre y la gestión personal de Blas Roca, Santiago Benítez pudo estudiar en Moscú. Sus cualidades le permitieron graduarse con diploma de honor y ocupar puestos importantes dentro del establishment cubano. Varias veces he visto a Santiago por la Calzada Diez de Octubre y ni siquiera es capaz de cruzar un saludo conmigo.

Lo peor del absurdo código de la autocracia verde olivo, es que a los dirigentes y funcionarios, más que lealtad, les piden compromisos ideológicos medulares y les obligan a odiar o ningunear a sus adversarios políticos. Incluso aunque sean parientes o amigos de la infancia. Eso se ha relajado, pues hace 45 años no podían cartearse con familiares en el extranjero, escuchar jazz ni rock, música censurada en Cuba por formar parte del 'diversionismo ideológico'.

Pero todavía se mantiene la obediencia a ciegas a la revolución y sus líderes. Por ello no asombran los videos de Miguel Díaz-Canel, presunto sustituto del general Raúl Castro, que están circulando por toda la Isla y donde el 'sucesor' se suelta a hablar chorradas, probablemente para que los talibanes que gobiernan en Cuba lo vean como un tipo fiable.

Los corrillos de las instituciones estatales son un juego de espejos. De acuerdo a la ocasión, los dirigentes y funcionarios prenden el piloto automático, se cambian de máscara y según el momento, utilizan un discurso adecuado.

Aquéllos que pensaban que con la muerte de Fidel Castro y el próximo retiro de Raúl se iniciaría un conteo de protección y comenzaría el movimiento de tierra que sepultara al ineficaz sistema, puede que estén equivocados.

La delirante dictadura ha creado sus propios anticuerpos. ¿Quiénes son? Los primeros defensores a ultranza son los miembros del Consejo de Estado, que cuentan con todas las prerrogativas sin tener que rendir cuentas al pueblo.

Pero no están solos. Por oportunismo, apariencias o convicción -o tal vez porque son tontos útiles-, miles de burócratas civiles y de oficiales de las FAR y el MININT insertados en las estructuras institucionales, económicas, comerciales y turísticas, aunque muchos reconozcan que el socialismo verde olivo no tiene puerta de salida, intentarán alargar el suplicio de una mayoría de cubanos por una sencilla razón: si llega la democracia a Cuba, cientos de puestos de trabajo innecesarios, como los agentes de la Seguridad del Estado que reprimen a los disidentes, desaparecerían.

'Cuadros de confianza', como Antonio Carmenate o Santiago Benítez, que viajan al exterior con pasaporte oficial y el sistema le proporciona una serie de beneficios, quedarían desempleados o tendrían que reciclarse.

El castrismo le ha inoculado a la población que si se disuelve el autoritarismo, regresa el infierno. Un capitalismo salvaje que traería más carencias y dificultades. Y muchos cubanos terminan por creérselo.

Iván García
Foto: Durante dieciséis domingos consecutivos, turbas movilizadas por la Seguridad del Estado, acosaron y atacaron a la Dama de Blanco Caridad Burunate en Colón, Matanzas. Tomada del Twitter de Iván Hernández Carrillo, sindicalista independiente y ex prisionero político.

lunes, 23 de octubre de 2017

La Habana nunca volverá a ser la misma



“La Habana ya no es la misma”. La frase la he escuchado más de una vez dentro y fuera de mi ámbito familiar. Pudiera sonar a eso de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, sin embargo, es una realidad tan difícil de ocultar como de evadir. Sobre todo es pronunciada por aquéllos que, aunque eran niños, adolescentes o jóvenes, alcanzaron a ver el esplendor de una capital que llegó a ser conocida, tal vez de modo exagerado, pero intentando describir su palpitante bohemia, como “la París de América”.

No mienten las fotos anteriores a 1959, fecha que produjo un verdadero cataclismo no sólo en la vida nocturna de los cubanos. Ni siquiera una cámara de fotos sofisticada como las actuales pudiera luchar contra la ausencia de luz que hoy padecen las mismas calles que ayer fueron fotografiadas sin mucho esfuerzo por viajeros y cronistas, encandilados por una ciudad que jamás dormía.

“No había lugar para el aburrimiento”, me dicen amigos que hoy viven en el exilio. “Había semanas que no se dormía, yendo de un club a otro. Y se vivía con poco, sin tanto dinero, pero nadie se aburría”, comenta uno de ellos que después de muchos años ausente, visitó La Habana y se marchó decepcionado, sin deseos de regresar.

Se ha dicho que tan solo en La Habana existían más de mil quinientos establecimientos entre clubes nocturnos, bares y cabarés, muchos de fama internacional como el Sans Souci, en el Reparto La Coronela, el emblemático Tropicana, en Marianao, o el Montmartre, del Vedado, más tarde convertido por el gobierno en el restaurante Moscú y, ya en los años del desmoronamiento en Europa del Este, arrojado a las llamas de un incendio misterioso.

“La Habana nunca volverá a ser la misma”, también suelen decir y repetir con nostalgia, pero además con algo de sentido de culpa, los mismos ancianos que hoy sobreviven en ella y que, con la experiencia del pasado, se asoman a un panorama que les está prohibido y que a la vez pretende emular con aquel mundo bohemio aniquilado por la “ofensiva revolucionaria” de los años 60, a cuyo espíritu aún debemos innumerables torpezas, censuras, exilios, prejuicios, involuciones, retrocesos, enquistamientos y un ejército de tuertos convertidos en reyes.

Ninguno de los sitios nocturnos de ahora está concebido para el disfrute de todos los cubanos sino para una especie, turista o nacional, que sabe sacar buen provecho de las crisis, las monedas devaluadas, las carencias, las prohibiciones, las ridiculeces ideológicas, las corrupciones y hasta las dobles nacionalidades.

Ningún bar o centro nocturno de La Habana actual, ya sea estatal o particular, solo por ese detalle de los clientes que los frecuentan y el ambiente artificial, poco auténtico, divorciado de lo popular y espontáneo, alcanzará a emular con lo que fue el Sheherezada de Elena Burke, en los bajos del Focsa; el Casino del hotel Capri; el Gato Tuerto de Myriam Acevedo y César Portillo de la Luz; el Monseigneur de Bola de Nieve; el minúsculo Club La Red donde cantó La Lupe o el hoy olvidado Bar Celeste, en Infanta y Humboldt, donde fue descubierta Freddy, esa mujer que estremeció a todo el que la escuchó cantar.

Hoy muchos de esos lugares emblemáticos permanecen clausurados, o son apenas un apartadero para borrachos. “No hacía falta ser rico para sentarte en un bar y tomarte una cerveza, o fumarte un buen tabaco. Yo era mecánico en un taller y todos los días salía y me tomaba mi traguito o me comía mi pan con bistec”, me dice un anciano que como otros con los cuales converso, me habla de su pobre pensión de jubilado y de lo aburrido que han sido y serán sus últimos años de vida.

Tanto a él como a mí, incluso para quienes ya no la viven, nos ha tocado lamentarnos por una Habana donde el afán de generar un “hombre nuevo”, libre del “pecado capitalista”, terminó por parir esperpentos que hoy son el atractivo del turista entontecido o del fanático ideologizado que solo alcanza a ver en la miseria un componente del color local.

Texto y foto: Ernesto Pérez Chang
Cubanet, 29 de agosto de 2017.
Foto: En los bajos este edificio, en Infanta y Humboldt, La Habana, radicaba el Bar Celeste, donde fue descubierta la bolerista Freddy.

jueves, 19 de octubre de 2017

2018: un premio de mano dura



El escandalillo por las declaraciones tardíamente filtradas de Miguel Díaz-Canel parece que va a pasar, como corresponde, dejando tras de sí un corrillo penoso de teorías de la conspiración propio de un país que quiere pasarse de listo y lleva décadas poniendo el tonto.

Quien quiera que haya filtrado el video en el que el primer Vicepresidente cubano pretende vestirse de hombre fuerte y dice que va a censurar porque todo el mundo censura, solo ha sacado en claro la evidente incapacidad de los cubanos, no ya el pueblo mayoritario, que nunca se entera de nada y sobrevive como un hámster trepado a una noria, sino ese puñado de ciudadanos medianamente al tanto de los chismes políticos de turno, para diluir las energías en hipótesis que, ciertas o no, no hay modo de comprobar, no van a volver a Cuba un centímetro más próspera, y no van a poner en riesgo a un gobierno ilegítimo que en unos pocos meses, sea Díaz-Canel, José Ramón Machado Ventura, o el fantasma de Quintín Banderas el sustituto de Raúl Castro, va nuevamente a renovarse a dedo, simulacro de elecciones mediante.

Por no haber, ni opinión pública consistente hay en Cuba, por lo que no se ve de qué manera podría incidir el criterio de los votantes en el rumbo político que pueda tomar el país a partir de 2018, ni a quién en las altas esferas del poder, que sepa cómo han funcionado las cosas en los últimos cincuenta años, le podría interesar lo que piensan las personas sobre determinada figura política, sea esta figura su adversario o su aliado, ya que lo que en realidad piensa la vasta mayoría de los cubanos, que ninguno de los ministros y funcionarios que salen por la televisión podrá arreglar este desastre, provocado además por ellos mismos, será expresado de modo convincente en las urnas, donde el 99,8% de los votantes marcará obedientemente una cruz por el candidato que le digan de antemano y luego la Asamblea Nacional aplaudirá con fervor unánime al gris sustituto que decidan Raúl Castro y su camarilla más cercana.

La filtración del video no busca sondear la opinión de nadie, porque la opinión de nadie ha sido nunca requerida para nada en Cuba, si no es para asentir, acatar o amagar a veces, por dos minutos, con un deshiele participativo, hasta que a alguien le pique un mosquito, se le ocurra que hemos ido demasiado lejos y empiece de nuevo a prohibir. Es curioso que sigamos creyéndonos portadores de una importancia e influencia que los hechos nos niegan rotundamente.

Si las declaraciones de Díaz-Canel son un espaldarazo en la pugna secreta de poderes que tiene lugar en la oficinas y salones del Consejo de Estado y el Comité Central del Partido, o si lo sacan del carril y desinflan lo poco que queda de esa imagen cool que la esforzada prensa internacional se encargó en los últimos tiempos de promocionar, un Richard Gere villareño que escuchaba el Rubber Soul, se movía en bicicleta por la ciudad del Che Guevara y permitía desfiles de travestis en un país donde unos años antes, bajo la misma Revolución, los homosexuales eran conducidos a campos de reeducación ideológica, y los políticos, si nos guiamos por su ineficiencia y mal humor, solo parecían oír las arengas patrióticas de Osvaldo Rodríguez o las cancioncillas de horror dominical de Farah María y Rebeca Martínez, es algo que solo puede saber un puñado muy reducido de mandamases y conspiradores ocultos de la transición, los Fouché, Talleyrand, Malenkov y Jruschov cubanos, algunos de los cuales, muy probablemente, no aparecen aún en las quinielas de los analistas y periódicos de Occidente.

Quien se ha pasado demasiado tiempo ya en boca de todos, y las malas lenguas creen que ha nadado tanto para morir en la orilla, una liebre del castrismo en la carrera por el trono, es Díaz-Canel. Lo verdaderamente sintomático es que el segundo hombre de Cuba, que no tendría que esforzarse para dejar claro hasta dónde estaría dispuesto a cumplir los preceptos totalitarios del Partido Comunista, puesto que todos sabemos que no se llega hasta donde él llegó si así no fuera, y que la virtud y el interés por el diálogo son rarezas que invariablemente hay que suprimir antes de ingresar en la corte del Buró Político, parece decidido a disputarle el papel de villano más implacable a Machado Ventura o al delfín Alejandro Castro.

El momento lo requiere. Los términos del cambio se están dando en medio de un ambiente de oscurantismo exacerbado, con el cierre abrupto de la autorización de licencias privadas, un auge de la retórica nacionalista y el éxito de dos o tres comisarios sin crédito intelectual ninguno que lanzaron al ruedo esa bola de humo conocida como centrismo, otra finta retórica del establishment.

La más saludable dentro de una serie de opciones ya maltrechas por el peso de un plebiscito ficticio, que la atmósfera de las próximas elecciones promoviera un candidato que tuviese que adaptarse a los vientos de relativa apertura que soplaron en Cuba entre 2009 y 2014, se ha esfumado del todo, y febrero de 2018 nos va a recibir como si todavía estuviéramos, y lo estamos, en 2005 o 1971.

La disputa por el poder ocurre en términos de mano dura. En ese contexto habría que leer el video de Díaz-Canel bravucón, una competencia esta que, si consiste en superar en autoritarismo a Fidel o Raúl Castro, promete subir en decibeles, ya que esos supremos recordistas no se derrotan de la noche al día. Pero siendo hoy las cosas como son, el que asuma en unos pocos meses la presidencia de Cuba va a llamarse, en resumen, Luis Bonaparte. Comienza la farsa concluida la tragedia.

Carlos Manuel Álvarez
El Estornudo, 30 de agosto de 2017.
Foto: Retrato de Luis Bonaparte realizado por Charles Howard Hodges en 1809 y que puede verse en el Frans Hals Museum, en Haarlem, Holanda. Tomado de Wikipedia.

lunes, 16 de octubre de 2017

Negocios "batistianos" en la Cuba de Díaz-Canel



La circulación, en los medios alternativos de prensa, de un video en el que aparece el vicepresidente Miguel Díaz-Canel, mostrándose como un temible censor, ha provocado cierta agitación, toda vez que muchos cubanos lo dan por candidato seguro al poder, cuando Raúl Castro dé un paso al costado en 2018.

Recientemente se supo que la grabación filtrada es de hace seis meses. Por tanto, toda controversia parece extemporánea. Sin embargo, el ostensible ataque del funcionario al sector privado, criticando un estilo decorativo que, según él, “es alegórico a la era del dictador Fulgencio Batista”, motivó al equipo de CubaNet a indagar sobre la tendencia -apreciable en varios negocios- de recrear el ambiente bohemio de épocas pasadas, en particular la década de 1950.

Varios restaurantes y bares de La Habana han escogido el estilo vintage o retro para ofrecer una imagen moderna y cosmopolita que atraiga al turismo. Muy de moda en la arena internacional, la decoración vintage consiste en retomar accesorios que poseen cierta edad y con el paso del tiempo son revalorizados, aunque no se cataloguen precisamente como antigüedades.

En el caso de Cuba, muchos de los objetos rescatados provienen de la etapa republicana (1902-1958), y nos remiten al único referente de modernidad y progreso que han conocido los cubanos.

Numerosos turistas viajan a conocer una isla “detenida en el tiempo”, donde coexisten las construcciones coloniales y el desarrollo de la arquitectura en la primera mitad del siglo XX.

A pesar del socialismo, la Cuba republicana palpita en la permanente caravana de autos antiguos que inunda la ciudad; emite guiños sutiles a través de marquesinas obsoletas que identifican lugares otrora distinguidos y transpira su esplendor vanguardista en la diversidad de estilos arquitectónicos que hicieron furor en los años 50.

No hay que colarse en un bar para saber que alguna vez Cuba estuvo en la senda del progreso y La Habana fue una de las urbes más publicitadas y cosmopolitas de América Latina.

Lo interesante en la decoración en estos bares y restaurantes es que propietarios y diseñadores se las han ingeniado para hacer funcionar un eclecticismo a pequeña escala que estéticamente resulta muy agradable.

Junto a símbolos conocidos como Coca Cola, Harley-Davidson y Marilyn Monroe, figuran utensilios de farmacia, pinturas, radios soviéticos VEF, recortes de las revistas Carteles y Bohemia, recuerdos de familia o exhibir billetes y corbatas antiguas.

La pataleta del vicepresidente, aunque no ha tenido mayores consecuencias, no fue provocada porque considerara que detrás de estas soluciones decorativas hubiera una ideología pro-yanqui. Se expresó así por pura ignorancia. Como dirigente político, Díaz-Canel carece de sensibilidad artística y no se interesa por las tendencias de la moda. Ni tampoco comprende que el garbo que a pesar de sus ruinas aún conserva La Habana, se debe precisamente a los años de Cuba como República.

Los barbudos que bajaron de la Sierra Maestra en enero de 1959 encontraron una capital espléndida. Su única preocupación, en lo adelante, sería destruirla. Y lo hicieron a conciencia. Escogieron hacer un socialismo con sobredosis de propaganda política, sin un ícono que remitiera a tiempos mejores.

Tal vez dentro de medio siglo, las pegatinas con la imagen de Fidel Castro, repartidas tras su muerte en tiendas, farmacias y escuelas, sean convertidas en portavasos y los turistas, escépticos, se pregunten, si de verdad hubo socialismo en una islita del Caribe.

Hoy, la magia de La Habana descansa en su impronta de metrópolis exuberante, glamorosa e insomne, heredada de la etapa republicana. Es el espíritu que bares y restaurantes se han esforzado en rescatar a través del estilo vintage.

Ana León y Augusto César San Martín
Cubanet, 30 de agosto de 2017.

jueves, 12 de octubre de 2017

El vicepresidente de papel



Nació el 20 de abril del año 1960. Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, exprofesor universitario y primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, es un “arquitecto”, de limitada inventiva y poco ingenio, un simple líder fabricado por necesidad política.

Por estos días se hizo viral un video realizado el pasado mes de febrero, donde aparece este señor dirigente, arengando para una concurrencia partidista, al peor estilo estalinista. Pero lejos de la interpretación que algunos dieron a esta pésima actuación, es prudente saber que estas conductas son típicas en los dirigentes cubanos: defender el poder que no se tiene.

Hábil, con buena vista y mejor olfato, el primer vicepresidente, de la Mayor de las Antillas, derrocha bravuconería contra lo que calificó de “una avalancha de propuestas y proyectos de contenido subversivo”, entre los que menciona la colección de material digital que se distribuye en Cuba de manera informal y todos conocen como El Paquete Semanal, ciertos negocios particulares que hacen referencia a los años 50, e incluso promete el cierre de la revista digital OnCuba.

La Historia tomará nota de este deplorable proceder, y no precisamente para enaltecerlo. Esto me recuerda el pegajoso estribillo de una canción del cantautor español Joaquín Sabina que dice: “Para mentiras, las de la realidad. Prometes todo, pero nada se da”.

Entiendo que las personas astutas se aprovechan de la ignorancia ajena, los estudiosos opinan, y los tertulianos hablan; pero si el video en cuestión fue realizado en febrero, y a esta alturas de septiembre la revista OnCuba sigue publicándose en la Isla, y los muchachos del Paquete continúan repartiendo material audiovisual, el poder de Díaz-Canel, primer vicepresidente de un país dictatorial, resulta más cuestionable que el título de estilista del peluquero de Kim Jong-un.

Qué pena por Díaz-Canel, que se manifiesta imponente, como un galeón español navegando a toda vela, y lo que muestra es ser aprendiz de marioneta. Simulando olvidar que en Cuba el poder, por el momento, lo tiene el Partido Comunista.

Claro lo dejó saber el segundo secretario del PCC, el doctor José Ramón Machado Ventura, cuando por simples problemas personales con la familia, decidió no autorizar la legalización en La Habana de la Fundación Che Guevara, y hasta la fecha, el edificio que otrora fuera vivienda del difunto guerrillero, no es más que un centro de estudio alegal. Igual ocurrió, cuando bajo la justificación de promover tendencias proclives al modo de vida capitalista, se lanzó contra la fundación del conocido cantautor cubano Pablo Milanés, y también le pasó la tranca.

Habrá que mantenerse a la espera, observando los hechos, antes de sacar conclusiones sobre el futuro de Cuba, que no estará precisamente en quien se lleve la corona, sino en quien se apodere del cetro y pueda conquistar el trono.

Lo cierto es que, cuando apenas faltan cinco meses para el gran día de febrero del año 2018, aún no existe un sucesor real del poder.

Juan Juan Almeida
Diario Las Américas, 29 de agosto de 2017.
Foto: Díaz-Canel, muy risueño, en la cena que Raúl Castro ofreciera a Barack y Michelle Obama durante la visita que hicieran a La Habana en marzo de 2016. A la derecha, el secretario de Estado John Kerry. Tomada de NBC News.

lunes, 9 de octubre de 2017

El 98% de lo que dice el video ya se aplica en Cuba



Se dice que es un video que dura alrededor de 3 horas, pero sólo se ha filtrado una parte del mismo. No se ha publicado en los medios masivos de comunicación monopólicos del Gobierno, ni en febrero cuando se hizo, ni en la actualidad. Lo cierto es que sólo ahora ha sido difundido por Antonio Rodiles, y no creo que haya sido de su interés posponer esta información en una gaveta porque si beneficia a alguien la difusión de la información del video es en primer lugar a todos los opositores cubanos.

El video es una prueba de “la línea dura” del Gobierno que desdice las reformas y los cambios esperados a partir del “deshielo” con el gobierno de Estados Unidos, y no es de su interés hacer público este retroceso frente al rechazo nacional e internacional.

De la parte filtrada por Antonio Rodiles a través de programas individuales de Estado de SATS, hay tres temas que trata Díaz-Canel que ya tienen resultados en la vida práctica de los afectados por la nueva línea política: los candidatos independientes que aspiran a presentarse en las próximas elecciones parciales de octubre, los emprendedores, cuentapropistas o la propiedad privada y los cooperativistas, y los sitios web de publicaciones alternativas, independientes a las estatales.

Para los candidatos independientes a las elecciones parciales de octubre se confirma como línea oficial que no se respetará la ley electoral cubana, en la medida en que se les boicoteará desde el Gobierno. La labor de proselitismo político está expresamente negada en la ley cubana, como la campaña por cualquier candidato, sin embargo, el Gobierno se permite hacer una campaña de proselitismo en contra de los candidatos independientes y se lo orienta a las organizaciones de masas y a los comités zonales del Partido, ya presentes en las comisiones de candidatura y fuera de las comisiones en su labor en los municipios previo a las elecciones.

No ha existido una campaña proselitista contra los candidatos independientes con meses de antelación, como la que hace y ha hecho el Gobierno en estos meses. Los órganos de la seguridad se han encargado de inventar e imponer causas por delitos comunes, multas y arrestos arbitrarios a los candidatos de Otro 18, Somos Más y Candidatos por el Cambio. En las recientes Asambleas de Rendición de cuentas de los Delegados, se orientó terminarlas rápido, muchas de ellas sin el quórum requerido por ley, y si alguien planteaba críticas a la gestión gubernamental había que hacer un “acto de repudio”.

Luego entonces, la línea política del video del 13 de febrero de este año ya está aplicando las represiones anunciadas. El segundo tema, contra los cuentapropistas o los emprendedores, desde el primero de agosto se congelaron licencias de 27 actividades aprobadas para funcionar, se prohibieron nuevas para tres anteriormente aprobadas, se congelaron las licencias para los cooperativistas, se han cerrado restaurantes por supuestos delitos, una cooperativa de contadores que daba empleo a 300 personas, por las mismas razones, y se anunció mayores impuestos a la fuerza de trabajo empleada en las empresas privadas. A los usufructuarios con las nuevas regulaciones de agosto, se les obliga a asociarse a las empresas estatales, no sólo a las cooperativas, y continúa la prohibición del financiamiento privado que ahora será castigado con la pérdida de la tierra en usufructo.

Con relación al tercer tema, las webs independientes, la nueva política es reprimirlas como plataformas “enemigas” mientras que hasta el momento de filtrarse el video eran toleradas. Es cierto que el ataque a ellas comenzó desde abril de 2016, desde el blog de Iroel Sánchez, pero vista la reacción de numerosos intelectuales residentes en Cuba, parece ser que el video confirma que el supuesto debate ideológico sobre “el centrismo” no era un debate por iniciativa de voceros del Gobierno por “exceso de fidelidad” a la línea oficial, sino una orientación expresa de la máxima dirección del país. Hay una diferencia entre ser tolerado, aunque discutido, y otra muy distinta es ser catalogado oficialmente por la máxima dirección del país como una plataforma “enemiga”. La diferencia es notoria en el artículo de Roberto Veiga en Cuba Posible.

Si no se ha cerrado On Cuba Magazine sería exactamente el único hecho que no se ha aplicado hasta ahora de las represiones anunciadas. Monitoreo el sitio de On Cuba desde hace tiempo y nunca he detectado la agresividad contra el Gobierno cubano que declara Díaz-Canel.

Efectivamente, parece que el pago a los colaboradores, periodistas y profesionales ligados a empresas estatales es lo que ha desencadenado la intolerancia del Gobierno cubano, como lo indica también, el anuncio de próximos aumentos de impuestos a la fuerza de trabajo en el cuentapropismo.

La nueva línea política aplica la “solución del sofá” al éxodo de los profesionales al sector privado. En vez de subir el salario al sector profesional que se desempeña en el sector estatal, castiga al sector privado aumentando los impuestos sobre la fuerza de trabajo. Quizás en el caso de On Cuba, su dueño deba empezar a pagar en un futuro muy próximo, mayores impuestos por pagar a sus colaboradores. Intentar vivir con dignidad, mediante el trabajo honrado y mejor pago que el estatal resulta inadmisible para el Gobierno cubano. ¿Será esa la explicación de la agresividad de Díaz-Canel contra On Cuba?

Sería descabellado pedir a Antonio Rodiles que filtre la fuente que le proporcionó al menos parte del video en un contexto represivo como el cubano. No creo en la tesis que señala la filtración del video como una acción del Gobierno cubano para amedrentar a la “zona gris” de la opinión pública cubana, a los cuentapropistas y a los candidatos independientes a las elecciones parciales de octubre y facilitar así la sumisión.

El costo político de la difusión del video frente a Estados Unidos es el de reafirmar como positiva la política de Donald Trump frente a Cuba entre los gobiernos democráticos latinoamericanos y más ahora por su denunciada intervención en Venezuela. Las palabras de Díaz-Canel, devalúan la acción de los lobbys contra el embargo: no hay real apertura, a la Unión Europea le envía señales que reafirman la pertinencia de la Declaración adjunta sobre Derechos Humanos aprobadas por el Parlamento europeo en la medida en que no mejora el respeto a los derechos humanos en la Isla, para el resto de los analistas internacionales, periodistas, académicos e incluso los amigos del Gobierno evidencia un retroceso y la extinción de las esperanzas de reformas a corto plazo que de manera idílica propagandizó el Gobierno cubano.

En la relación costo-beneficio, el Gobierno cubano paga un costo político muy superior al beneficio de amedrentar a la opinión pública nacional y a los sectores atacados que son en la práctica los que están haciendo las reformas dentro de Cuba dentro de una legalidad difusa, regresiva y/o ausente.

Son estos actores los que han sido observados desde el exterior como evidencia de cambios. Atacarlos como “enemigos” confirman la regresión y les da fuerzas complementarias a los opositores cubanos de todos los signos ideológicos: Ustedes tienen razón, el sistema no es reformable.

Marlene Azor Hernández
Cubaencuentro, 30 de agosto de 2017.
Foto: Barack Obama y Raúl Castro durante una rueda de prensa conjunta en el Palacio de la Revolución de La Habana, el 21 de marzo de 2016. Tomada de Cubaencuentro.


jueves, 5 de octubre de 2017

Frustraciones, desgracias y videos



El disidente cubano Antonio Rodiles consumió su turno de réplica en El Nuevo Herald, algo que no suele concederse ni siquiera contra artículos tan disparatados como La victoria de Fariñas (16 de septiembre de 2016). Rodiles vino a rebatir a Jorge Dávila Miguel, quien había largado allí El misterioso video cubano de Rodiles y Díaz Canel, repicado en Cubaencuentro.

Al sostener que no sería breaking news por datar de febrero, pero sí por haberlo difundido Estado de SATS a través de YouTube en agosto, Rodiles subrayó que este video aclara “muchísimas interrogantes sobre la naturaleza del régimen castrista y sus perspectivas y visiones de futuro”. Así consumó la transición pacífica de breaking a fake news.

- Todas las interrogantes sobre naturaleza, perspectivas y visiones del castrismo quedaron ya bien aclaradas desde que Fidel Castro y su grupo político desovaron el Estado de corte totalitario con dictadura de partido único, ideología oficial (cualquiera que dicte ese partido), represión política, dirección centralizada de la economía y triple monopolio sobre las armas, los medios fundamentales de producción y los medios de comunicación masiva. Quien no haya estado claro hasta ahora perdió la conexión cubana.

- “Es la primera vez que en casi 60 años de castrismo se puede ver a un alto funcionario hablando sin tapujos o rodeos sobre la visión y actuar de él y del régimen en que milita”, afirma Rodiles, como si la memoria histórica de imagen y texto no mostrara a Fidel Castro y demás figuras de su grupo político exponiendo al descaro sus acciones y visiones y aun las entrañas del régimen. Lo que dijo Díaz-Canel en este video -y en otro sobre “qué hará el gobierno con la oposición en próximas elecciones”- obedece a pautas que Fidel Castro trazó hace rato. Para un buen resumen de ellas consúltese Biografía a dos voces, Debate, 2006, 369-422.

- "Este video desnuda no sólo a la figura de Díaz-Canel, que finalmente es un peón más, sino a toda esa campaña de reformismo y supuesta apertura”, añade Rodiles, pero Díaz-Canel siempre anduvo encuero como fiel peón del castrismo y este último nunca tapó que toda reforma y apertura jamás afectaría la esencia del régimen. Quienes se desnudaron ahora fueron los mismos cubanólogos que, tras la sirimba intestinal de Fidel, se arroparon con el raulismo para rasgarse después las vestiduras porque Raúl no resultó ser tan raulista como ellos querían.

- “Toda esa campaña era un acto más de ilusionismo para ir afincando la transferencia de poder dentro de la familia Castro”, puntualiza Rodiles, pero el ilusionismo radica más bien en reducir la dictadura de partido único a cosa de familia, como si algún hijo de Fidel o Raúl estuviera en el Buró Político. Esa falta de enfoque sistémico demuestra que Rodiles se opone a un régimen que aún no atina a comprender.

- “El castrismo, consciente de su fracaso y el hartazgo que provoca, sabe que focos supuestamente insignificantes pueden convertirse en el detonante de su colapso”, alega Rodiles, para repetir como comedia la trágica teoría guevarista del foco demoledor del viejo régimen. Por estar consciente de su fracaso, el castrismo está más empeñado que nunca en sobrevivir. Y el hartazgo de la gente opera más bien en contra de los foquitos de cambio de régimen, pues con la muerte de Fidel Castro la nación cubana quedó puesta y convidada para toda utopía. Nadie -ni Díaz-Canel u otro de su bandería, pero tampoco ningún opositor a la vista o fuera de ella- podrá volver a engatusar a eso que llaman pueblo, tal y como Rodiles no pudo hacerlo ni por asomo con aquel sinsentido de que “si todos marchamos, el miedo y la dictadura se acaban”.

- “Quienes desde las democracias justificaban la tolerancia hacia las violaciones del régimen, dentro y fuera de la Isla, quienes por supuestas razones de estabilidad y seguridad han hecho oídos sordos a nuestras denuncias, tendrán que aceptar que siempre serán catalogados como enemigos por la élite en el poder”. Tal es la lección que saca Rodiles del video, como si Estados Unidos y la Unión Europea hubieran tragado alguna vez la guayaba del socialismo con rostro humano. Ni Washington restableció relaciones diplomáticas con La Habana ni Bruselas abandonó la Posición Común por deslumbrarse con el castrismo ni por ganarse su aprecio, sino porque se convencieron de que no había alternativa política viable, tal y como había informado desde 2009 el jefe de la SINA. La oposición pacífica o cívica, disidencia o resistencia, data por lo menos desde que Ricardo Bofill empezó a colar, en 1976, denuncias hacia el exterior por la fisura -Reinaldo Bragado dixit- del régimen: los derechos humanos. Jamás ha logrado apoyo popular significativo y la política es asunto de masas y de inmediatez.

- “Quienes deseamos un cambio real en Cuba, debemos tener al menos vergüenza”, concluye Rodiles. Sólo que no tiene mucha eso de titularse actor político sin tener partidarios ni siquiera en el barrio y andar por ahí pidiendo a Washington, como si se gozara de estado de beligerancia, que arrecie el bloqueo, para remachar con que la oposición tendría la misión sublime de “explicar al pueblo el objetivo político de medidas que podrían afectarlos directamente”, esto es: repetir como comedia la cantaleta trágica del castrismo: sacrificarse hoy por un porvenir luminoso.

Coda

Los videos de Díaz-Canel son irrelevantes para el anticastrismo. No explican nada nuevo, simplemente porque el castrismo está más que explicado. El problema siempre ha sido cómo salir de él. Sí son relevantes los videos que muestran a Rodiles abordando este problema, porque demuestran que así jamás podrá resolverlo.

Arnaldo M. Fernández
Cubaencuentro, 30 de agosto de 2017.

Foto: Antonio Rodiles. Tomada de Cubaencuentro.

Nota: Este video se subió a YouTube por Estado de SATS y mereció nota informativa en El Nuevo Herald el martes 29 de agosto de 2017. La ignorancia sobre el tema se aprecia en este pasaje de la nota: “Si bien en Cuba no existe voto directo para elegir a los diputados de la Asamblea Nacional ni al presidente del país, las próximas elecciones generales -que comenzarán en octubre y concluirán en febrero- han generado gran interés”. Desde 1992, los diputados se eligen por voto directo en distritos electorales y esos diputados eligen seguidamente al Presidente (de los Consejos de Estado y de Ministros). Estas elecciones generales tienen lugar cada cinco años, en febrero, mientras que las elecciones convocadas para octubre son de otra índole (parciales o municipales) y se celebran cada dos y medio para elegir a los delegados a las asambleas municipales.