jueves, 24 de mayo de 2018

Del plátano burro a las hamburguesas Zas



De toda la vida, a los habaneros siempre nos gustó acompañar las comidas con plátano vianda o macho, maduro, verde o pintón, frito o hervido. El de fruta más consumido era el platanito manzano.

Pero con la llegada de los barbudos y sus desastres agrícolas, el plátano vianda dejó de ser presencia diaria en nuestras mesas, también el manzano. En la variedad de fruta nos fueron imponiendo el plátano johnson, que lo mismo se comía maduro o verde, hervido como 'fufú' o frito como 'mariquitas'.

En 1990, tras la desaparición de la URSS y la caída del Muro de Berlín, Fidel y Raúl Castro implantaron el 'período especial en tiempos de paz'. Con él llegaron los estómagos vacíos, los apagones, la falta de transporte, de jabón y de almohadillas sanitarias para las mujeres, entre otras muchas carencias.

Pero llegaron también los 'inventos fidelistas'. Uno de ellos fue el plátano-microjet. Castro I puso a los habaneros y a todos los cubanos, a comer plátano burro o 'fongo', muy consumido en las provincias orientales, pero no en la capital.

Hace veinte años, la consigna no era 'patria o muerte', si no 'comer o morir', sobre todo si tenías que recorrer a pie la ciudad o pedalear cientos de kilómetros en pesadas bicicletas chinas. Así que no nos quedó más remedio que adaptarnos al plátano burro, que era el producido por el método microjet.

A falta de compotas rusas de manzana -venían en pomos de cristal, después utilizados en sustitución de las tacitas de café, desaparecidas del mercado, como tantas otras cosas-, muchas madres las hacían de 'fongo': lo hervían con agua y azúcar y las que no tenían batidora, lo pasaban por un colador.

Ya en 1994, los plátanos johnson y burro formaban parte del menú habanero. Solo los más viejos recordaban aquellas bolas de plátano pintón rellenas con queso blanco o con carne de res molida, sazonada con ajo, cebolla, tomate, comino, orégano, laurel, pasas, aceitunas y alcaparras.

Veinte años atrás, los condimentos tradicionales -casi todos heredados de los españoles- fueron sustituidos por cebollinos, orégano de la tierra y culantro, entre otras yerbas, pero en particular por los cuadritos de caldo, de res, pollo, bacon o vegetales.

Con los 'calditos', como les decían, se preparaban potajes. Los chícharos y frijoles colorados quedaban aceptables con los de bacon. Por suerte, el potaje de frijoles negros, típico de la cocina cubana, al igual que el congrí, con poca sazón quedaba sabroso.

Platos de moda en aquellos años fueron el 'arroz saborizado', las 'croquetas de averigua', las frituras de harina con cebollinos (aún se siguen elaborando) y los 'pudgom': pudines que al no llevar leche ni mantequilla, solo pan viejo, agua y almíbar con sabor a naranja o limón, quedaban tan gomosos que si usabas dentadura postiza se te podía caer.

Así y todo, los inventos caseros eran mejores que los 'fidelistas'. Además del microjet, otro de sus inventos famosos, fue el helado de cítricos, de limón, naranja o toronja y que supuestamente contenía vitamina C.

Como las máquinas de hacer frozen, traídas de Argentina y que una vez vendieron helados de chocolate, fresa y vainilla en barquillo, se estaban echando a perder por falta de materia prima, Fidel Castro determinó que en ellas se elaborarían y venderían esos helados sosos y aguados.

Otra creación suya fueron las hamburguesas Zas, con carne de cerdo molida. Antes de lanzarlas al mercado habanero, Castro probó las auténticas. En vuelos especiales procedentes de tres o cuatro países, le llevaron varios tipos de McDonald's. Luego de probarlas, dijo que las Zas eran mucho mejores.

De que las hamburguesas Zas eran superiores a las McDonald's salió en un periódico Juventud Rebelde, pero yo tuve oportunidad de leer el acta de una reunión del Consejo de Ministros donde Castro, minuciosamente, contó sobre su proyecto de las hamburguesas y los helados de cítricos.

Eso fue cuando 'la glasnost y la perestroika' eran seguidas con atención entre altos cargos del gobierno y el partido de la isla. Entonces era periodista oficial y para que no me quejara más de 'falta de información y transparencia', del departamento ideológico me dijeron que me iban a permitir leer varias actas del Consejo de Ministros. Pero solo puder leer una. Los lentes duros de contacto que usaba por mi avanzada miopía, me dañaron la córnea y tuve que permanecer más de un mes sin poder leer ni salir a la calle.

Las hamburgueserías Zas, que con bombo y platillo habían sido inauguradas en distintas barriadas de la capital, fueron languideciendo y dejaron de existir, sin que su creador explicara los motivos.

Mientras, en las carnicerías, por la libreta de racionamiento, cada vez se distribuía menos pollo. En su lugar, una amplia variedad de bodrios fidelistas, como el picadillo de soya o 'texturizado', la masa cárnica, el 'perro' sin tripas y la pasta de oca. La macarela y el jurel congelados fueron sustituidos por jurel en lata chileno.

En las bodegas, el producto estrella era el 'cerelac', una especie de gofio destinado a los mayores de 60 años. Los ancianos eran quienes peor lo pasaban, sin poder desayunar café con leche, si no cocimientos con hojas de naranja, limón o toronja o 'sopa de gallo', como le decían al agua tibia con azúcar prieta.

Por dólares, además de los 'calditos', en 1994 lo más popular eran los 'perritos' (salchichas de pollo) de Canadá, el picadillo de pavo de California y los sobres de refresco instántaneo, de fresa, uva o melocotón.

Hoy, la vida en La Habana y en el interior sigue siendo estresante y difícil. Pero al menos ahora la gente tiene lo que hace veinte años ni soñar podíamos: la apertura de timbiriches, cafeterías y restaurantes particulares, donde pueden comer desde churros rellenos hasta sandwiches de jamón y queso.

Tania Quintero
Publicado en El blog de Tania Quinero el 24 de octubre de 2014.

lunes, 21 de mayo de 2018

Una nueva "ofensiva revolucionaria", otra más



Es una nueva 'ofensiva revolucionaria'. Otra más. Cuando el 13 de marzo de 1968, Fidel Castro anunció el cierre definitivo de pequeños negocios particulares, el trasfondo del ucase dictatorial era cortar de cuajo la independencia económica.

En la década de 1980, tras las tímidas reformas salariales, nuevas gestiones de oferta estatal y la autorización la comercialización privada de productos agrícolas y artesanales, una política implementada por el economista Humberto Pérez con el objetivo de elevar la calidad de vida, un furioso Fidel Castro, enarbolando al Che Guevara, el marxismo y la desviación ideológica inició su cruzada de 'rectificación de errores y tendencias negativas' que abarcaba toda la vida nacional.

El peligro latente en aquellos años, además de impedir la acumulación de dinero, era frenar los aires reformistas de la perestroika y la glasnost que llegaban desde el Kremlin.

Se volvió a la política de estimulación moral, a entregar medallas de calamina y diplomas de cartulina a los trabajadores destacados en sustitución del salario extra y los estímulos materiales.

En el verano de 1993 Cuba era un infierno. El hambre, apagones de doce horas diarias y enfermedades provocadas por la mala alimentación auguraban una bestial crisis económica y social.

Se recurrió a los parches liberales. Alentar inversiones con firmas extranjeras, legalizar la tenencia de dólares y la apertura de decenas de negocios privados, que aunque cercados por impuestos draconianos, para muchos cubanos fue una oportunidad de salir del pantano.

El 31 de julio de 2006, el dictador Fidel Castro se aparta del poder por enfermedad y designa a dedo a su hermano Raúl al frente del Estado. Castro II conocía de antemano que el experimento social hacía agua por todas partes. La productividad estaba por el suelo y el poder adquisitivo de la población era casi nulo. Entonces decidió ampliar el trabajo por cuenta propia y derogar un grupo de prohibiciones que rotulaban a Cuba como un latifundio feudal.

Tras año y medio de negociaciones secretas con funcionarios de la administración de Barack Obama, se acordó restablecer relaciones diplomáticas y comenzar a desmontar el embargo económico y financiero.

Al ser la Isla la domadora de la izquierda antimperialista en el continente, la autocracia verde olivo pensó que eso le abriría un hueco en la mesa de negociaciones con el Tío Sam. El plan de Castro y su séquito de generales, que sustituyeron los uniformes militares por guayaberas blancas, era fundar un capitalismo de Estado patrocinado por Estados Unidos.

Pero Obama tenía sus propios planes. Para el mandatario estadounidense, los pequeños negocios privados junto con la ampliación de internet, eran la punta de lanza que transferiría la democracia a Cuba.

Con esos truenos, la gerontocracia criollo entró en pánico. Y comenzó el repliegue táctico. A cada piropo de la Casa Blanca dirigido a los emprendedores privados, las autoridades daban una nueva vuelta de tuerca al cuentapropismo.

El régimen no va aceptar un Caballo de Troya. Hace seis meses, antes de que se suspendiera la entrega de 27 licencias al trabajo por cuenta propia, el Estado entabló diversas batallas con taxistas privados, carretilleros y cooperativas no agropecuarias.

Por un borrador al cual tuvo acceso la agencia francesa Reuters, se supo de un paquete de medidas restrictivas para aumentar el control del Estado y frenar las ganancias de los particulares.

La semana pasada, Martí Noticias reportaba que uno de los aspectos del proyecto del gobierno, aún no divulgado, se enfocaba en sanciones penales que pueden ir de 3 a 20 años de privación de libertad o confiscación de bienes si descubren ilegalidades en materia de contratación a empresas estatales.

Un funcionario de la ONAT (Oficina Nacional de Administración Tributaria), afirma que “las nuevas medidas están dirigidas a impedir la acumulación de capitales. Se reforzarán los controles arancelarios. Y habrá mayor rigor en las inspecciones”. Y detalla algunas de las medidas que vienen en camino.

“Existía un limbo jurídico que la gente aprovechaba. Es el caso de los dueños de decenas de automóviles, yipis y camiones que alquilan a terceros. Eso se va prohibir. Solo el dueño del automóvil puede ejercer su licencia. El documento final debe aprobarse antes del 19 abril. Es un estudio multifactorial con la Fiscalía, MININT, ONAT y el Ministerio de Trabajo. El Ministerio de Trabajo tendrá nuevas funciones. Se creará un cuerpo de inspectores especializado que velará por las ganancias no declaradas de dinero”.

Según el funcionario, “se va a crear un mecanismo bancario, donde semanalmente el dueño del negocio tiene que reportar la entrada y salida de dinero. También un modelo más exhautivo para detectar la doble contabilidad, algo habitual en el 90 por ciento de los de negocios particulares. A los que suelen comprar alimentos robados de centros turísticos o almacenes estatales, además de una multa cuantiosa (de 10 mil pesos o más), se le cancelará la licencia y se les decomisarán sus bienes”.

¿Qué persigue el régimen con esta nueva política, desestimular el trabajo privado o impedir que la gente haga dinero?, le preguntó Diario Las Américas. “Las dos cosas. Miles de graduados apuestan por los negocios particulares, creando un déficit en el empleo estatal. La intención es que las ganancias de los privados no superen por cinco el salario promedio de 650 pesos mensuales que paga el Estado. Los nuevos controles imposibilitarán que se gane mucho dinero de manera legal”.

Juan Carlos, dueño de una paladar habanera, considera que “lo que viene es candela. No sé hasta qué punto sea razonable, por la situación económica actual de Cuba, llevar a cabo un ofensiva contra nosotros. Los particulares pagamos a los empleados de cinco a diez veces más de lo que gana un asalariado estatal. Yo, por ejemplo, pago el 10 por ciento de las ventas a mis trabajadores. Al finalizar la jornada, se van a casa con 30 o 40 cuc diarios. Cuando aprieten la soga, la gente comenzará a pinchar por la izquierda. Siempre pasa igual”.

Lo ideal en una sociedad empobrecida con una economía improductiva como la de Cuba, es que el Estado renuncie a ser el dueño de miles de empresas, dada su incapacidad de administrarlas con eficiencia; permitir que florezcan los negocios privados; cobrar impuestos razonables; que los emprendedores puedan importar directamente del extranjero y autorizar inversiones de emigrados cubanos.

Fue la fórmula que, a pesar de la falta de democracia, permitió superar la hambruna, propiciar el desarrollo y lograr prosperidad en naciones comunistas como China y Vietnam.

El régimen castrista cree lo contrario. Lo que se avizora es más Estado. Y menos negocios privados.

Iván García
Foto: Portada del número 13 de revista Verde Olivo, publicada en marzo de 1968. Tomada de Todo Colección.


jueves, 17 de mayo de 2018

Un operativo de la Seguridad del Estado por dentro



Llamémosle Damián. Participó en la guerra civil en Angola. Trabaja en una fábrica al sur de La Habana y pertenece a la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, institución paramilitar que agrupa a oficiales y soldados retirados del servicio activo en las fuerzas armadas o el Ministerio del Interior.

“Fui sargento en el MININT y después de licenciarme me integré a la Asociación de Combatientes. Lo mismo participamos como grupo de apoyo en un operativo contra los contrarrevolucionarios (disidentes), que recogemos desechos sólidos los días posteriores al paso de un huracán o simplemente conmemoramos determinadas fechas patrióticas”.

Hace cuatro años, le entregaron un teléfono móvil, con crédito pagado por el Estado, para recibir determinadas orientaciones cuando es movilizado. Damián devenga una salario mensual equivalente a 30 dólares y todos los meses, como la mayoría de los cubanos, ahorra hasta el último centavo para alimentar a su familia y vestir a sus hijos. Así y todo, no alcanza. Para que en el hogar entre un poco más de dinero, su esposa vende productos en el mercado negro.

A su manera, aunque cada vez menos, Damián cree en el proceso revolucionario fundado por Fidel Castro. Tiene muchas preguntas sin respuestas. Dudas y decepciones sobre los giros acrobáticos y estrategias políticas, económicas y sociales de los gobernantes de su país.

“No se ha encontrado la fórmula para quienes trabajamos vivamos con dignidad. La apertura no solo debe ser económica, también política. No todo el mundo tiene que pensar igual. Vivimos otra etapa. Lo único que sostengo como un principio invariable es que en caso de agresión militar a Cuba, hay que ripiarse conmigo”, dice Damián y añade:

“He participado en varios operativos contra las Damas de Blanco y la disidencia. Es como en la guerra: recibes órdenes que tienes que cumplir. Por lo general, los oficiales de la Seguridad del Estado apenas te brindan información. Por ejemplo, en el operativo en los alrededores del Parque Manila, en el municipio Cerro, el aviso era que la contrarrevolución preparaba una provocación el jueves 8 de marzo”.

Damián no sabe quién es Rosa María Payá ni quién fue Oswaldo Payá Sardiñas, su padre. Jamás ha escuchado sobre el proyecto Cuba Decide que ella dirige y desconoce su estrategia política. En el periódico Granma, de pasada, había leído un artículo condenando 'la injerencia y maniobra anticubana' de Luis Almagro, secretario general de la OEA, y de un grupo de ex presidentes de América Latina y España. Pero ese escrito no lo asoció al operativo del Parque Manila

“El miércoles 7 por la mañana me llamaron de la Asociación para que formara parte del operativo. Las tres veces anteriores no había participado en diversas actividades alegando problemas personales. Esta vez me sentía comprometido a asistir. Cuando supe que tenía que estar de guardia desde las dos de la madrugada hasta las doce del mediodía, me dije, de tranca tener que pasarse toda la noche sin dormir. Pero asistí”, confiesa Damián.

Cuenta que citaron como a 40 miembros de la Asociación, pero solo fueron 25. "Cuando llegamos, un oficial de la Seguridad nos explicó que el operativo consistía en un amplio bloqueo de calles en las cuadras comprendidas desde Primelles y Calzada del Cerro hasta la calle Monasterio, que colinda con el hospital pediátrico Católicas Cubanas”.

Les dijeron más o menos lo mismo que salió publicado en Granma. "El único detalle nuevo fue que la contrarrevolucionaria era mujer y que se encontraba en la casa número 221 de la calle Peñón entre Ayuntamiento y Monasterio. Luego, en el transcurso de la noche, un oficial del 'aparato' me dijo que la 'mercenaria' y su familia vivían en Miami, aunque ella mantenía residencia cubana. Me contó que hacían todo eso por dinero. Fíjate, comentó, que hace poco se compró una casa en 200 mil dólares. No le dije nada. Tengo parientes en la yuma y una casa de ese precio en Miami no es gran cosa”, subraya Damián.

Sobre las tres de la madrugada le dieron café fuerte, “del puro, sin chícharos, un pan con jamón y un jugo de cajita. Por la mañana repitieron la merienda. En cada esquina o bocacalle habíamos parejas de tres o cuatro personas: dos o tres combatientes de la Asociación y un seguroso. Los oficiales daban sus rondas en motos o autos Gely. Tenían un puesto de mando móvil y en una tableta, fotos y nombres de las personas que no podían pasar. Nosotros teníamos una lista. El operativo tenía tres o cuatro 'anillos'. En el principal, la calle donde estaba la disidente, lo manicheaba el G-2. Allí solo dejaban pasar a la prensa extranjera y dos carros con chapa diplomática que asistieron, uno fue de la embajada checa y otro de Estados Unidos. Todos esos operativos se montan con fuerzas combinadas de la Seguridad, la policía y los combatientes de la Asociación o brigadas de respuesta rápida de los CDR. Cuando terminamos, nos felicitaron y nos informaron que al evento solo pudieron asistir tres o cuatro opositores que pasaron la noche en casa de la contrarrevolucionaria. Al resto le impidieron llegar”.

A Damián le gustaría hacer llegar algunos consejos a los disidentes y periodistas independientes:

“Si quieren que sus eventos se realicen, no deben anunciarlo a bombo y platillo, tratar de mantenerlos lo más callado y discreto posible. No pueden utilizar teléfonos móviles, que son monitoreados, y en determinados momentos interrumpidos (pinchados) por la Seguridad. Tampoco decirlo por Twitter, Facebook u otras redes sociales. Lo ideal es tener líneas telefónicas que no estén a su nombre o hacerlo desde teléfonos públicos o casas de amigos y familiares que no estén chequeados como 'contrarrevolucionarios'. Y dos noches antes de la fecha inicialmente convocada, reunirse por sorpresa en la vivienda escogida. Tener en cuenta que los operativos comienzan sobre las seis de la mañana. Cuando son importantes, se arman en la madrugada. A los líderes principales siempre los interceptan mansitos saliendo de sus domicilios. Es que los opositores no saben moverse según las reglas de la clandestinidad. Son presas fáciles”.

Iván García y Leonardo Santos
Foto: Rosa María Payá en su casa familiar en Peñón 221 entre Ayuntamiento y Monasterio, cercana al Parque Manila y a la antigua clínica Católicas Cubanas, en El Cerro, La Habana. Tomada de Martí Noticias.

lunes, 14 de mayo de 2018

La élite que gobierna en Cuba



Un chubasco ligero rebota en el techo de tejas metálicas acanaladas y por la ventana del comedor se cuela una brisa fría y húmeda. Después de almorzar arroz, potaje de chícharos y revoltillo de huevo con pequeños trozos de chorizo, la brigada agrícola, tras un descanso de treinta minutos, reinicia su faena en un sembradío de tierra rojiza en las afueras de La Habana.

El lugar era una antigua finca ahora administrada por las fuerzas armadas. Su producción de col, acelgas, zanahorias, tomates y otras hortalizas y verduras, va a parar a la mesa de generales o el poderoso Consejo Estado.

También en la hacienda se crían cerdos, carneros, gallinas y pavos. En un pulcro centro de elaboración se producen jamones y embutidos. Hay decenas de latifundios en todo el país subordinados a las FAR, PCC o Consejo de Estado.

Guillermo García Frías, un campesino analfabeto que nació el 10 de febrero de 1928 en El Plátano, sitio intrincado de la Sierra Maestra, llegó a obtener grados de comandante en la guerrilla liderada por Fidel Castro y aunque no dirige ningún ministerio, en la práctica tiene más poder que cualquier ministro.

Actualmente es dueño de varias fincas, establos de caballos de raza y vallas de pelear gallos. Preside un grupo llamado Flora y Fauna, con ranchos campestres donde desayunan, almuerzan o cenan turistas que se dirigen a hoteles en Varadero o los cayos al norte de la Isla.

Guillermo importa semillas, tractores y gallos de pelea saltándose olímpicamente el complicado y tortuoso entramado estatal. Mientras el juego de apuesta es ilegal en Cuba, este anciano de casi 90 años, perteneciente al exclusivo club de la intocable burguesía verde olivo, efectúa carteles de peleas de gallo para extranjeros de bolsillos amplios.

“Guillermo García es un hacendado poderosísimo. En sus propiedades no falta ningún insumo. Si quiere dar un paseo, pide un helicóptero y en pocas horas está en la Sierra Maestra. Ni él mismo sabe la cantidad de amantes e hijos y nietos que tiene. A cada rato le presentan uno nuevo. Si rinde cuentas, no se sabe a quién. Es el tipo de personaje que se considera que está por encima del bien o el mal. Es un latifundista de la etapa feudal en pleno siglo XXI”, cuenta un trabajador de una de sus fincas.

La historia oficial presenta a la revolución de Fidel Castro de otra manera. Su narrativa nos dice que el origen de la lucha armada fue para terminar con las desigualdades y construir una sociedad donde imperara la justicia social y la prosperidad. Garantizara la educación, salud pública, acceso a la cultura y al deporte a cualquier ciudadano.

Sin embargo, la revolución fidelista no permite que pequeños empresarios privados acumulen grandes cantidades de dinero. No se puede fundar un partido político y un periódico sin permiso del gobierno. Ni crear instituciones independientes dentro de la sociedad civil.

Cuba es una dictadura de libro de texto. Los de arriba gobiernan el país como si fueran sus dueños y a los de abajo solo nos toca asentir y aplaudir. Pero su peor cualidad es la ineficiencia.

El régimen es dueño de la tierra y del mar. De fábricas, hoteles, bancos, hospitales y medios de comunicación. Pero no ha sido capaz de generar riqueza y ni siquiera ha sido competente para garantizar desayuno y dos comidas diarias a sus ciudadanos. Tampoco un salario decoroso y una vivienda digna.

Por eso la gente se indigna cuando conoce detalles del modo de vida de sus gobernantes. La élite revolucionaria reside en mansiones que otrora pertenecieron a la burguesía nacional. Cuentan con todas las comodidades a su alcance: casas climatizadas, sin tener que preocuparse por el ahorro de energía eléctrica, conexión gratis de banda ancha a internet, cualquier cantidad y variedad de alimentos y dos o tres autos a su disposición sin límite de combustible.

Ningún dirigente castrista puede justificar su estilo de vida. En teoría, un presidente, ministro o general devenga un salario que no supera los cien dólares mensuales. ¿De dónde sale el dinero para pagar vacaciones familiares al extranjero o importar autos y ordenadores Apple? Hablan con la boca apretada de socialismo e igualdad, pero la mayoría de los funcionarios comunistas están obesos y viven rodeados del confort capitalista.

A muchos cubanos no les importaría esa opulencia, si el Estado autorizara las PYMES, la rigurosa cuchilla fiscal no persiguiera con tanta severidad a los que producen riquezas y pudieran tener una existencia mejor.

Los obsoletos gobernantes cubanos son incapaces de combatir la pobreza ni de originar prosperidad. Se nutren de glorias pasadas, doctrinas que no han funcionado y promesas que jamás cumplirán.

El asunto es mucho más simple. Solo están ganando tiempo. Lo demás no importa.

Iván García
Foto: A partir de 1959, Nuevo Vedado, a unos 20 minutos en auto del centro de La Habana, se convirtió en la zona residencial por excelencia de la élite que gobierna en Cuba.
Leer también: Kcho, otro ángel caído del pedestal de los Castro.

jueves, 10 de mayo de 2018

Miguel Díaz-Canel, poderoso sin poder



Por alguna razón que no logro precisar, el nombre de Díaz-Canel se me grabó hace tiempo, cuando una tarde, entre 1992 y 1994, llegué a la casa del jefe escolta de mi padre (Juan Almeida Bosque) y me contó que, durante una reunión donde solo asistían los miembros del entonces Consejo de Estado de la República de Cuba, en el cuarto piso del MINFAR, José Ramón Machado Ventura le había mostrado a Raúl Castro, y a todos los presentes, varios expedientes con fotos de un grupo de jóvenes dirigentes, como propuesta para ocupar cargos dentro del Gobierno.

Entre ellos estaba la de un tal Miguelito Díaz-Canel, a quién Raúl rechazó alegando que estaba demasiado joven y que había que foguearlo un poco.

Nació el 20 de abril de 1960, de profesión ingeniero y exprofesor universitario, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez es, de todos, el más presidenciable. La constante reiteración de imagen que ha tenido estos últimos meses nos indica que puede ser el sucesor del presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba.

Es curioso, dentro de las filas del Partido Comunista, excondiscípulos, incluso dentro de su propia familia, su nombre provoca una rara mezcla de opiniones y reacciones encontradas. Exalumnos de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, donde se graduó de ingeniero, lo recuerdan como un estudiante aplicado pero de limitada inventiva y poco ingenio.

Compañeros de trabajo lo describen como un tipo reservado que escribe versos que no muestra. Algunos más arriesgados comentan que su estrategia de ascenso al poder solamente radica en mantenerse con la boca cerrada. Y una persona cercana a su núcleo familiar expresa "muchos organizamos nuestras vidas a partir de grandes o pequeñas decisiones. No es el caso de Díaz-Canel que contrasta, porque vive en el bando de los indecisos para no llamar la atención ni contradecir a nadie".

Opiniones a favor o en contra, Miguel Díaz-Canel es un líder fabricado por necesidad política y fecha de vecimiento de los dirigentes históricos del régimen de la Isla.

Hábil, con buena vista, mejor olfato, y el carisma de un cocodrilo, el actual primer vicepresidente de Cuba no deja de ser un buen hombre que apareció en el mercado laboral partidista después de estar agazapado y ha sabido moldearse a sí mismo para agradarle a Raúl Castro y a su principal mentor, José Ramón Machado Ventura.

Si él fuera el sucesor, el grado de apertura o de cierre de su gestión de gobierno dependería en gran medida de cómo Estados Unidos enfrente esa coyuntura. No obstante, el futuro de la Isla no estará precisamente en quién se lleve la corona sino en quién se apodere del cetro y pueda conquistar el trono.

Díaz-Canel es un dirigente aceptado, pero eso no quiere decir que sea un hombre respetado. En agosto de 2017, un pésimo video suyo recorrió las redes sociales. En él aparece un Díaz-Canel haciendo derroche de bravuconería barata contra lo que calificó como “una avalancha de propuestas y proyectos de contenido subversivo”, entre los que menciona la colección de material digital, que se conoce como El Paquete Semanal, ciertos negocios particulares que hacen referencia a los años 50, e incluso promete el cierre de la revista digital OnCuba.

Hoy, marzo de 2018, este medio de comunicación sigue en la Isla y los muchachos del Paquete continúan repartiendo material audiovisual. La autoridad de este señor, como primer vicepresidente de un país dictatorial, resulta más cuestionable que el título de estilista del peluquero de Kim Jong-un.

El calendario laboral de quien sea el nuevo líder incluye una serie de medidas de impacto. Están las que no solucionan mucho pero llaman la atención:

Anunciar los toques finales en la informatización de la sociedad cubana, que la población tenga mayor acceso a internet al terminar la instalación del servicio de conexión desde teléfonos móviles, conocido como 3G, y aumentar el uso a nivel nacional de nuevas tecnologías.

Derogar ciertas regulaciones y crear otras.

Reformar el sistema financiero del país.

Aprobar una nueva ley para la inversión extranjera.

Una reforma laboral centrada en aumentar, de forma concluyente, la calidad de empleo de los obreros cubanos, generar más trabajo autónomo y mejorar, de manera ostensible, el trato a los pensionistas.

¿Podrá Miguel Mario Díaz-Canel ejecutar estas medidas de golpe de efecto? Lo dudo. Esta agenda está diseñada para confundir a la opinión pública, agregar un nuevo elemento al escenario de las relaciones Cuba- Estados Unidos, jugar con la incertidumbre del pueblo y destruir, con reformas de intangibles, los planes de una disidencia que muy poco puede ofrecer.

Juan Juan Almeida García
Texto y foto tomado de Cibercuba, 22 de marzo de 2018.
Leer también: Qué viene en Cuba después de los Castro.

lunes, 7 de mayo de 2018

Fidel vs. Raúl Castro: ¿Quién fue peor gobernante? (II y final)



La trompeta del jazzista estadounidense Louis Armstrong está en ebullición. El moderno equipo de audio de alta fidelidad recoge los tonos más cálidos del monstruo de New Orleans interpretando Hello, Dolly con su banda All Stars de seis instrumentos. Estamos en La Zorra y el Cuervo, en La Rampa, Vedado, probablemente la mejor plaza de Cuba para escuchar o ver conciertos en vivo de jazz.

Joel, músico, suele ser punto fijo del lugar.

Armstrong se desata a cantar con su voz gutural, mientras Joel disfruta de un doble de ron Santiago a la roca. Cuando la frustración lo embarga y la falta de futuro lo invita a trazar planes para emigrar, el músico escapa del tedio y el descontento escuchando jazz de altos quilates.

“El gobierno de dinosaurios que tenemos no pone una. Según una circular, que ya se está aplicando, los artistas y músicos que se ganan la vida en negocios privados, ahora están obligados a firmar contratos a través del Estado. Y me enteré que si es para trabajar con los cuentapropistas, la empresa no aprobará el contrato. Es una manía dañina que en este país intenten controlar tu vida, tus ganancias, tus lealtades políticas. Nos tratan como si fuéramos niños”, confiesa Joel.

Cuando usted le pregunta, a quiénes considera menos malo como gobernante, si a Fidel Castro o a su hermano, hace un gesto de decepción y comenta:

“Por mi edad, no viví esos años iniciales de movilizaciones constantes de Fidel Castro bajo el pretexto de una invasión yanqui. Cuando era un adolescente ya no había libreta de productos industriales, que te permitía comprar ropa y calzado. Soy de la generación del Período Especial, la que siempre teníamos hambre y los apagones de doce horas diarias. La que en voz baja nos burlábamos del comandante y creíamos seriamente que el tipo estaba loco. Cuando llegó Raúl y comenzó sus reformas económicas, muchos como yo pensábamos que las cosas cambiarían para bien. Después del 17 de diciembre de 2014, al cuadrarse la caja con los yumas, creíamos que definitivamente íbamos a prosperar. Pero todo fue un espejismo. Creo que a Fidel le interesó más ser un estadista antiimperialista y ayudar al movimiento descolonizador en África, que ser un mandatario que modernizara la industria y cimentara una economía sólida. Raúl intentó arreglar el entuerto. Pero a estas alturas del juego, debió darse cuenta que el modelo cubano no tiene reparación posible. Ninguno de los dos cumplió su objetivo. Para mí están desaprobados”, subraya Joel.

Aleida, ex profesora de historia, considera que "tanto bajo el mandato de Fidel como el de Raúl, hubo momentos un poco mejores". En el caso del barbudo, señala la década de los 80, antes que se desintegrara la URSS, "cuando surgieron los primeros mercados campesinos y comercios paralelos, donde podías comprar alimentos del campo socialista por pesos o producidos en Cuba, como los que ofertaban en la antigua tienda Sears". Y en el de Raúl, "la autorización de compra y venta de casas y autos, la posibilidad de viajar al exterior y de hospedarse en hoteles de primera". Pero reconoce que en materia de libertades "los dos han mantenido el puño cerrado, aunque de Raúl a la gente le gusta que no es estar dando discursos ni convocando a movilizaciones y marchas combatientes, como hizo Fidel".

Al oeste de la ciudad, en el municipio Playa, reside el académico Dimas Castellanos, una de las voces sensatas dentro de la oposición cubana. Su respuesta es tajante al comparar los 47 años de dictadura de Fidel y los 12 de autoritarismo de Raúl: "Ninguno de los dos fue un buen gobernante. Si tengo que escoger a uno, me inclino por Raúl. Las reformas que hizo, aunque se han frenado, ha llevado al país a punto definitivo donde no hay retroceso posible y el unico camino que queda es el de la democracia".

En un ambiente menos intelectual, un toque de santo en la barriada de Lawton, entre tambores y chivos berreando que van a ser sacrificados con un cuchillo de carnicero, Yandris, babalao, inhala profundo su tabaco barato y responde:

“Brother, los dos son fulastres. Fifo tendrá trascendencia por las cosas que hizo fuera de Cuba, pero a los cubanos nos llevó a paso de conga. Por mucho tiempo las religiones estuvieron prohibidas y santería era vista como un atraso, aunque a él le hicieron un santo con todos los hierros. Los cubanos hemos vivido mal con los dos. Al principio, Raúl abrió un poco la puerta, pero cuando vio que algunas personas comenzaron hacer dinero, la volvió a trancar. Ninguno de los dos sirve”.

René, jubilado de 73 años, se considera un fidelista de toda la vida. "El comandante es el cubano más importante desde que existimos como nación. Incluso más grande que Martí, pues ayudó a liberar a varios pueblos africanos. En la economía no logró el desarrollo que se esperaba, por culpa del bloqueo y la burocracia. Su hermano intentó reformar la economía, pero el sartén se le fue de las manos. Si tú autorizas el trabajo privado, aumentas la desigualdad y al final ese sector es el que te saca del poder. Ha permitido cosas con las que no estoy de acuerdo, como darle ala a los maricones y las tortilleras. Donde no hay integridad, difícilmente exista revolución”.

Juan González Febles, periodista independiente, está convencido “de que Fidel Castro fue una inminencia para la maldad. Para fundar una de sociedad como ésta, es elemental que se debe tener un talento innato de perversión. Raúl es un mediocre de cuarta categoría. Su intento de reformas económicas solo le sirvió para ganar tiempo. Si de algo estoy seguro es que seis meses después que Raúl se vaya, Cuba será diferente y comenzarán los cambios. Es inexorable”.

Martí Noticias percibió que, cuando hablan con entera honestidad, siete de cada diez entrevistados valoró de pésima la gestión de Fidel y Raúl Castro en temas económicos y sociales. Las personas en edades comprendidas entre 15 y 28 años, cuya vida adulta ha transcurrido rodeada de escasez y penurias, delante de un desconocido te sueltan de carretilla la apología sobre Fidel Castro que como papagayos remiten los medios oficiales.

En confianza hablan pestes de ambos. A Fidel lo ven como algo lejano, indescifrable, etéreo. A Raúl, como el culpable que su calidad de vida o salarios se mantenga intacto en el tiempo.

Al contrario del disidente Dimas Castellanos o el periodista libre Juan González Febles, son pesimistas con respecto al futuro de Cuba. Para ellos, el próximo presidente que saldrá elegido en un remedo de elecciones, será más de lo mismo.

Es decir, sigue el castrismo, pero sin los Castro. Su puerta para escapar de la locura es emigrar. Preferentemente a los Estados Unidos.

Iván García
Foto: Tomada de El Nacional.

jueves, 3 de mayo de 2018

Fidel vs. Raúl Castro: ¿Quién fue peor gobernante? (I)



En el otoño de 2004, Fidel Castro se presentó en el antiguo teatro Blanquita de Miramar, hoy Karl Marx, con su peor faceta: la del cinismo. En el estrado, el dictador había apilado una colección de cachivaches construídos por el ingenio popular, intentando paliar sus precarias necesidades materiales.

Castro, con tono didáctico, puntero en mano, mostraba los anacrónicos ventiladores caseros, neveras criollas y hornos eléctricos improvisados que utilizaba un segmento considerable de la empobrecida familia cubana.

El público selecto, compuesto por funcionarios del gobierno, diputados del aburrido parlamento y entorchados generales, reían las impertinencias de Fidel Castro, soslayando que la mayoría de los cubanos vivía entre carencias, promesas incumplidas y racionamientos por culpa precisamente de ese hombre con botines de cuero y vestido con su omnipresente casaca militar.

Fue la última cruzada en política local de Castro como gobernante. El comandante único la denominó Revolución Energética. Un plan emergente que elevaría la capacidad energética del país y eliminaría los constantes apagones programados.

Ya en 2002, el experto alemán en tecnologías de ahorro energético, Dieter Seifried había recomendado a las autoridades cubanas la sustitución de los equipos de refrigeración altamente consumidores. Eso, dijo, permitiría elevar la eficiencia energética del país. En 2004 el azote de un huracán y la obsolescencia de las centrales térmicas le dieron la razón.

Cuba emprendió su política energética dirigida personalmente por Fidel Castro. En tres años, la Isla reemplazó, por equipos más eficientes, 2,5 millones de refrigeradores, 9 millones de bombillos incandescentes, 1,04 millones de ventiladores, 230 mil televisores, 268 mil bombas de agua y 266 mil equipos acondicionadores de aire.

Las familias tuvieron que pagar a crédito -aún muchas le deben al banco millones de pesos- el equivalente de 300 dólares por un refrigerador chino de pésima factura y televisores de tubos catódicos. A cambio se debían entregar los añejos electrodomésticos, que después fueron exportados como chatarra industrial.

Se pudo apostar por invertir fuertemente en las energías renovables. Pero con los petrodólares que giraba el gárrulo mandatario Hugo Chávez desde Miraflores, se optó por incrementar las plantas combinadas de gas y crear baterías en línea de generadores eléctricos.

No importaba el daño a la salud ni al medio ambiente. Eran órdenes de Fidel Castro. Y sus órdenes no se discutían. Un tiempo después, el 31 de julio de 2006, se enfermó y renunció como presidente. Designó a dedo a su hermano Raúl.

Castro I gobernó el país durante 47 años. En su agitada vida política fue un terremoto y un cambiacasacas. En su etapa de estudiante de bachillerato, recordaba una nota del periódico comunista Hoy, estuvo tres horas hablando sandeces, tratando de demostrar las bondades de la educación privada sobre la pública.

Se sospecha que fue un gánster estudiantil. Su ambición por el poder lo llevó a utilizar subterfugios por su interés de ser elegido presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. Sin éxito, buscó apoyo político en el Partido Ortodoxo. Pero Eduardo Chibás, su presidente, le huía como el diablo a la cruz. Una tarde logró colarse en su oficina, y Chibás, irritado, le dijo a su secretaria Conchita Fernández: “No me deje pasar a ese pandillero a la oficina”.

Desde luego que tenía talento. Era capaz de debatir de cualquier tema con solo haberse leído un libro. Tenía don de líder. Su ideología nunca estuvo clara.

Cuando llegó al poder, aseguraba que siempre fue comunista. Sus primeras lecturas políticas, además de El Príncipe de Maquiavelo, fueron de autores fascistas. A raíz del ataque al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, el Partido Socialista Popular tildó el asalto de 'golpe putschista y pequeño burgués'.

Hasta que se demuestre lo contrario, a pesar de la fatídica estrategia militar de Batista, Fidel Castro evidenció dotes de guerrillero al ganar la contienda con poco más de 300 hombres en armas. Gústenos o no, venció a un ejército con diez veces más hombres, armas, artillería y aviación. El joven barbudo fue capaz de salir airoso en la desigual batalla.

Si Fidel Castro hubiera llevado a la práctica el proyecto de nación que repetidamente planteaba en su narrativa, probablemente hoy fuera un prócer nacional indiscutido, tal vez al nivel de José Martí. Pero las mieles del poder lo embriagaron.

Fundó un Estado marxista y totalitario. En octubre de 1962, en una carta le pidió a Jruschov que asestara el primer golpe nuclear. Su irresponsabilidad política lo llevo a diseñar planes de subversión en África y América Latina. Jamás, excepto los voluntarios en la Guerra Civil Española (1936-1939), combatientes cubanos pelearon fuera de la Isla.

En la economía cosechó fracaso tras fracaso. Se pueden compilar varios tomos de sus mentiras, falsas promesas y proyectos faraónicos en materia económica. De azucarera mundial, Cuba pasó a importar azúcar. Se redujo a la mitad el número de cabezas de ganado. Y la agricultura, a pesar de miles de hectáreas de tierras cultivables, es incapaz de producir los alimentos necesarios.

Si me preguntan sobre sus logros, creo que la construcción de presas después del huracán Flora en 1963, fue una política hidráulica necesaria. El sistema de salud pública estuvo bien concebido desde sus inicios, aunque ahora mismo se encuentra en franco retroceso. La educación es gratuita y está al alcance de todos, pero altamente doctrinaria. Y quienes disienten abiertamente no pueden acceder a las universidades.

Resumiendo. En sus 47 años de gobierno, ni proponiéndoselo, una persona pudo causar tantos destrozos.

Raúl Castro es un personaje diferente. Siniestro, cuando hizo falta fusilar a sus adversarios no le tembló la mano. Conspirador mayúsculo (ha estado detrás de cada purga), pero pragmático.

Es una exageración del lamebotas de Eusebio Leal presentar a Raúl como un líder valiente durante el asalto al Moncada y un general excelso. Ni lo uno ni lo otro. La misión de su grupo el 26 de julio de 1953, donde fue un soldado más, era tomar el Palacio de Justicia y desde su azotea apoyar la acción principal.

Por ética o vergüenza, Raúl Castro debió publicar una nota en el periódico Granma, desmintiendo la guataconería de Leal en la presentación de una compilación de sus discursos en la pasada Feria del Libro de La Habana. En aquella acción, Castro II no llegó a disparar un tiro. Lo confirmó una posterior prueba de parafina que le realizaron.

Tiene los galones de general de cuerpo porque las autocracias son muy particulares y a sus hombres fuertes les cuelgan estrellas. Pero Raúl Castro nunca dirigió una batalla importante en Angola o Etiopía. Esos juegos de guerra siempre fueron cosa de Fidel. Sin embargo, Raúl tiene los pies puestos en la tierra.

No es un demócrata, todo lo contrario. Pero ha sabido diseccionar la realidad social y económica de Cuba y trazar una estrategia. Que le ha funcionado a medias. O no le ha funcionado. Como el programa alimentario o la revitalización de la agricultura. Incluso, los famosos Lineamientos, la biblia sagrada de Raúl para encaminar el país a un modelo "próspero y sostenible", han sido un fracaso. Solo se han cumplido el 21 por ciento de sus acápites.

No obstante, en sus doce años de gobierno, supo negociar un trato con Estados Unidos, condonar la mayor parte de la deuda externa y ha servido de mediador entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC.

Mientras, en la Isla se ha seguido reprimiendo a la disidencia; violando leyes nacionales para impedir que los opositores se puedan presentar como candidatos a delegados del Poder Popular; deteniendo arbitrariamente, decomisando medios de trabajo a periodistas independientes o prohibiéndoles viajar al exterior.

Pero, hasta la fecha, no ha desatado una razzia como la desatada por Fidel Castro en la Primavera Negra de 2003.

Para la mayoría de la gente, Fidel es indescriptible, como el fidelismo, que a ciencia cierta no se sabe qué es. Cuando una persona analiza lo realizado por uno y otro en el plano nacional, Raúl Castro gana por goleada. ¿Por qué? Por haber derogado estúpidas y racistas normativas que impedían a los cubanos viajar al extranjero, vender su casa o su auto y hacer turismo en su patria.

Por supuesto, muchos aspiran a un país mejor. Democracia, calidad de vida, elecciones generales y libertad de expresión. Pero la sensación que se percibe en la calle es que Raúl ha sido menos errático que su hermano.

Aunque no tuvo el coraje del general polaco Jaruzelski, de sentar a todas las partes y sepultar el disparatado modelo socialista. Probablemente por eso Raúl Castro se retira.

Iván García
Foto: Tomada de Radio Francia Internacional.
Leer también: "El castrismo es como un viejo boxeador que se resiste a abandonar el ring" y Por qué fracasó el castrismo.